Viva el tercio de quites
¿Cuánto llevábamos en Las Ventas sin ver un tercio de quites de este calibre? A uno se le viene a la mente el de Morante y Luque en la Beneficencia de 2010 o el de Joselito y Ponce en el 96. Al fin renació este tercio perdido. Esta vez de manos de Víctor Hernández y David de Miranda, no tan lucido como los nombrados anteriormente pero igual de bienvenidos por la afición. De piedra quedó Fortes, al igual que hicieron los hermanos Rivera en los nombrados anteriormente. Todo esto enmarcado en una corrida sin excesivos argumentos por ambas parte, más por los toreros que por los de Alcurrucén.
Abría la tarde Saúl Jiménez Fortes, que venía de dejar una buena dimensión la semana pasada, cortando una oreja. Le tocó un primero engatillado de pitones, que salió de chiqueros ya parado, perdiendo las manos en dos ocasiones. Se durmió en el peto y se simuló la suerte por la falta de fuerza del burel. Aún así no llegó a la muleta. Fortes solo pudo buscar la colocación y dar los muletazos de uno en uno ante un toro muerto en vida. Se acabó pasando de faena y dejó un pinchazo y un bajonazo. Su segundo, de la reata de los músicos, tuvo mucha cara. Fortes solo estuvo fresco en el primer tercio, dejando un estimable ramillete de verónicas y sacando al toro de la jurisdicción de Francisco de Borja - que realizó la suerte con gran vistosidad - por tafalleras. Pero en cuanto llegó el tercio de muerte Fortes desconectó. Comenzó genuflexo, demostrando el toro ese tranco de más que caracteriza al encaste Nuñez. Las primeras series, por derechazos, surgieron muy despegadas. Sin embargo, al natural citó mucho más puro, con las punteras mirando al frente. El toro se vino abajo, fruto de los malos terrenos elegidos por el matador, siempre entre las rayas. Más hacia fuera podríamos haber visto otra cosa. Terminó su paso por San Isidro con otro bajonazo infame que hizo guardia y una estocada arriba.
También hacía por segunda vez en la feria el paseíllo David de Miranda. Su segundo toro, el más grande la corrida, salió muy suelto, y a pesar de la vil forma en la que recargó el picador, fue capaz de aguantar el tercio de quites y toda la faena sin despeinarse. Como ya hemos contado, vivimos tras el paso por el caballo lo más emocionante de la tarde. Entró al quite Víctor Hernández por saltilleras, a las que respondió David de Miranda por regates a modo de chicuelina. Y tras ello, ofreció de nuevo a Víctor la posibilidad de otro quite, quien aceptó, ejecutando esta vez tafalleras. Quieto como una estaca. Otra vez volvió David a la cara del toro. La plaza delirando. Gaoneras algo atropelladas pero tremendamente firmes, comenzadas con una revolera y agarrando el vuelo del capote, así como hizo Morante el día del rabo en Sevilla. Toda la plaza se puso en pie mientras que los dos matadores se daban la mano - mucho más torero que los abrazos en los que se funden últimamente -. Como no podía ser de otra forma, Miranda inició por estatuarios, rematados con un pase de la firma como debe hacerse: con el palillo en perpendicular al albero. El toro, de nombre Heredero, aunque tardo, acudía a los engaños con codicia y casta, que sobrepasó en numerosas ocasiones a David. Cuanto más abajo le llevaba más largo acudía, y por derecha nunca acabó de bajarle la mano. Al natural sí que dejó alguno de calidad entre numerosos enganchones. La mayoría de muletazos fueron a pies juntos, tanto a mitad de faena como en el final de la misma en las cercanías. Abrochó con unas bernardinas con más peligro que lucimiento, y tras una estocada caída paseó una oreja como regalo sin petición mayoritaria. Otro día más el señor presidente, que ya no merece esa distinción, pisoteando la exigencia de esta plaza. ¡San Román dimisión! El quinto de la tarde, mal presentado, también dio ciertas posibilidades. Humillador de salida, fue quitado por caleserinas por parte de Víctor. En banderillas destacar un gran segundo par de Víctor del Pozo, clavando en la misma cara. Inicio poncista de Miranda - cómo se nota el maestro -, genuflexo por bajo. Las series fueron una montaña rusa. Unos muletazos hacia afuera, otros más reunidos, otros fuera de sitio... No había quien siguiera esa faena. Estructura nula, que como no, acabó en las cercanías. Antes de entrar a matar dejó unas mondeñinas poco lucidas. Pinchazo arriba y estocada un punto trasera.
Cerró la tarde un torero esperadísimo por la afición, pero que hoy no dio la talla. Víctor Hernández se las tuvo que ver con un escurrido tercero que salió cojo de la pata izquierda, y a pesar de su clara invalidez no fue devuelto. Más razones para echar del palco a semejante personaje. Trasteo fuera de sitio, encajado pero periférico. Le sobraron tres series y dejó una buena estocada arriba. El cierraplaza fue el toro más alto del encierro. Atropellando de salida, manseó en varas y recibió un par de Yelco Álvarez a toro pasado por el que tuvo que desmonterarse. Menuda ovación tan mediocre... En la muelta el astado fue nobilísimo y humillador, con el viaje marca de la casa. Tres series a derechas ganando en profundidad y ajuste, destacando la tercera. Ya en la cuarta decidió al fin coger mano izquierda, su buena. Aunque hoy no la sacó a relucir. Predominó el unipase y el muletazo lineal, ahogando por completo al toro en las cercanías con series tremendamente largas. Estocada muy tendida.
En definitiva, mala tarde de Fortes y Víctor, que anduvieron por la plaza faltos de ideas. Con ganas pero sin resultado se le vio a David, quien sorteó el mejor lote. No tuvieron suerte sus toros. Corrida noble en líneas generales, sin destacar nada en el caballo, que se dejaron en la muleta. El martes más y mejor.
Comentarios
Publicar un comentario