Álvaro Serrano toca el cielo de Madrid en la excelencia de Montealto
Hoy se ha hecho el toreo en su máxima expresión. Hoy se ha rozado la perfección en caso de que exista. Y lo más sorprendente de todo es que ha sido a manos de un novillero, de nombre Álvaro Serrano. Madrileño de nacimiento, ha puesto patas arriba Madrid con una novillada para encumbrarse. De impecable presentación y bonitas hechuras - nada exagerado como dicen algunos que gusta en Madrid -, ha sido noble, brava y encastada en líneas generales. Novillada para que nadie hubiera abandonado a pie la plaza. Montealto se postula sin duda como candidato al encierro más completo del año, y Álvaro Serrano estará entre los triunfadores de la feria, en caso de que no se alce con el galardón.
Tarde de cuatro orejas la del madrileño de Navas del Rey. A su primero, de nombre Cartero, lo recibió con un par de verónicas genuflexas, seguidas de otras ya erguido. El burel, que empujó bajo el peto, llegó a derribar. Cómo se nota cuando los caballos son ligeros y qué bonito es el tercio de varas cuando está equilibrado. Cumbre con el capote de Serrano, entrando hasta en dos ocasiones en quites. Por templadísimas verónicas uno, por delantales rematado a una mano por bajo otro, poniendo a la plaza en pie. El de Montealto, que tuvo una transmisión excelente fruto de la casta y el carbón, necesitaba distancia, ya que por bravo no admitía las cercanías. Álvaro lo entendió a las mil maravillas a pesar del fuerte vendaval, siempre colocado y valentísimo, tragando y exponiendo ante tan duro oponente. La pata ‘palante’ y la muleta en la cara fueron claves en el devenir de la faena. Un estoconazo algo delantero tirándose de verdad dio paso a la entrega de un trofeo y petición del segundo, que no pudo ser por el viento durante el trasteo. Orejón de los de verdad y ovación de gala al novillo. El cierraplaza fue un auténtico toro, de mayor presencia que muchos de los toros que saldrán por chiqueros durante este mes. Algo suelto de salida, hizo perder el capote a Álvaro Serrano, quien tiró de frescura de ideas propinando una larga de recurso. En varas, donde “Molinero” cumplió, destacó Héctor Vicente dejando dos puyazos en la yema. El prólogo de la faena, por ayudados rodilla en tierra rematados con una trincherilla estratosférica, fue solo una pequeña parte del monumento al toreo que construiría instantes después sobre el ruedo venteño. Con la pañosa en la derecha el toreo fluyó como nunca con el clasicismo de siempre. Asentado, sin perder un solo paso pero siempre en el sitio, propinó derechazos profundos y absolutamente arrebatados, pero siempre llevando por bajo una embestida que pedía mando. Y lo encontró por ambos pitones, ya que el natural la faena se elevó a cotas insospechadas, con mandones pero sedosos muletazos, vaciados debajo de la pala del pitón. Series de cinco y seis muletazos, rematados con pasos de pecho interminables, barriendo el lomo del toro. Abrochó la faena cerrando al toro con trincherazos y muletazos con regusto clásico, y ya en el tercio, propinó una estocada en todo lo alto, quizás algo atravesada y trasera. El novillo tardó en echar y el puntillero lo levantó en dos ocasiones, y tras un gran uso del estoque de cruceta, Serrano paseó una oreja. Ya daba igual cuál fuera el premio. Ha nacido un torero. Y qué decir del novillo. Lo aceptó todo, con embestida vibrante y humillada. En muchas ocasiones es el torero el que tiene que estar a la altura del toro, pero esta vez “Molinero” tuvo que estar a la altura del TOREO de Serrano. Y vaya si lo estuvo. Tanto fue así que el respetable solicito una vuelta al ruedo no concedida, que no hubiera pasado nada si se hubiera otorgado.
Y por ahí estuvieron dos novilleros más. Y estuvieron, sí, pero de meros espectadores, porque torear no torearon. Se dejó escapar cada uno una oreja de cada novillo. El primero que actuó fue Tomás Bastos, con la alternativa ya en el horizonte más próximo. Su primero, el más flojo de presencia de toda una corrida de toros, fue algo soso de salida, aunque metía bien la cara por el derecho. De parecida condición fue en la muleta, se encontró con un Bastos que no supo aprovechar sus dulces embestidas por ambos pitones. Toreo superficial, sin profundidad ni mando. Tomás no llegó nunca a acoplarse ni en ritmo ni en colocación. La faena culminó con una buena estocada arriba, un golpe de verduguillo y palmas a un novillo más que manejable. El cuarto de la tarde, fue otro para el triunfo. Enclasado y con ritmo, tuvo en frente a un torero muy amontonado, que ahogó las embestidas a base de muletazos y series sin pausas, todas en la corta distancia. Varios pinchazos con susto incluído y una buena estocada cerraron su tarde.
Se presentaba en Las Ventas Martín Morilla, al cual le tocó en suerte el novillo más alto del encierro. Humillador de salida, apretó de verdad en el primer encuentro, donde derribó. Fue quitado por Serrano, por el palo de las chicuelinas y la media como remate. Poco templado y sin colocarse anduvo Morilla ante un pronto y enclasado astado. Buen novillo y poco novillero. Pinchazo, bajonazo, y palmas al novillo. La tónica de la tarde a excepción de Serrano. Hizo de quinto un toro de preciosas hechuras y mucho cuello, que acabó siendo el de peor juego. Manso en el caballo, no se libró del huracán Serrano. Por caleserinas esta vez. En la muleta tuvo una embestida corta, con la cara a media altura. Noble pero muy soso. Nada dijo Morilla. Pinchazo y estocada.
En resumen, Álvaro ha puesto patas arriba Madrid, y con la tarde de hoy ya tendrá firmada una alternativa de auténtico lujo. Quién sabe si en la Feria de Otoño... Torero para seguir muy de cerca, ya que ha hecho algo que muy pocas figuras consagradas han hecho: torear de verdad. Y de nuevo, mis enhorabuenas al ganadero - el mayoral fue obligado a saludar ante un mermado público que esperó a la salida de Serrano para ovacionarlo -, quien debe de ser el tío más feliz del mundo. Ha conseguido criar un toro completo en los tres tercios, y eso es muy complicado.
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