Madrid o el peligro de conformarse con la mediocridad
Por enésima vez consecutiva la exigencia de Las Ventas cae a mínimos históricos. Dos orejas a Julio Méndez con una estocada baja y una vuelta al ruedo a un novillo que sale suelto del caballo. ¿De verdad que este es el nivel de Madrid? Estamos cayendo en la mediocridad, pasando de premiar lo extraordinario a simplemente lo bueno o lo vulgar. Qué pena de verdad.
Pero no todo van a ser lamentos, porque hoy, aunque no todo el mundo se haya enterado, se ha hecho el toreo. Hoy hemos visto los muletazos de la feria de manos de Emiliano Osornio, con permiso de Álvaro Serrano. No es casualidad que ambos sean novilleros, ya que estaremos ante uno de los peores escalafones de la historia. Y otra vez Conde de Mayalde triunfa en Madrid, esta vez con una buena novillada.
Abría la tarde el mexicano Emiliano Osornio con un playero del Conde, andarín en las telas desde salida. Tomó una gran primera vara, romaneando de verdad, pero en el segundo en cuanto notó el acero se marchó. Misterios de la bravura, o la mansedumbre. Tras una capea a modo de lidia, Osornio dio sensación de novillero poco rodado, sin encontrar el lugar para ligar. Mucho pasito y muletazo suelto. Un pinchazo y una estocada en la que el novillo se tragó la muerte dejaron paso a una ovación exagerada al mismo. Al cuarto del envío lo recibió Osornio a la verónica. Tras un paso testimonial por el caballo, llegó a la muleta sin excesivo motor y algo rebrincado. Osornio fue haciendo poco a poco al novillo hasta llegar al final de faena con la mano izquierda, donde dio los muletazos de los que llevamos de feria. Sí, lo han oído bien. Los naturales fluyeron sin excesiva ligazón, pero con pulcra colocación, citando enfrontilado, cargando la suerte, enroscándose la embestida y rematando el muletazo por bajo, siempre detrás de la cadera. Dos series monumentales con un público tremendamente frío. De no ser por la estocada haciendo guardia hubiera cortado un auténtico orejón.
Pedro Montaldo pasó desapercibido, pero no por ello debemos obviar su mala actuación. El segundo de la tarde fue excesivamente chico para esta plaza, y salió corretón como ninguno. Esto, sumado a dos puyazos traseros idénticos - para que digan que es difícil acertar - barrenando, hicieron que el toro llegara muerto en vida a la muleta. No atendió ni a los cites, y poco pudo hacer Montaldo. Lo despachó con un pinchazo y una estocada tirando la muleta. El más pequeño hizo lote con el más fuerte, el quinto. De nuevo, capea en varas y con la pañosa Montaldo demostró una apatía inmensa. Te ves anunciado en la feria más importante y vienes así, sin ninguna gana. Definición de trasteo insulso. Que pena que haya novilleros parados que no puedan aprovechar estos huecos. Todo esto se dio con un novillo que se dejó hacer lo que quisiera su matador, con transmisión en las primeras series. Luego se acabó parando más por aburrimiento que por otra cosa. Montaldo dejó otra estocada, esta vez trasera, tirando de nuevo la muleta. ¿Qué necesidad hay de tirar al suelo los trastos?
Cerraba la tarde un debutante en esta plaza, el abulense Julio Méndez. Este sí vino con otra actitud. Su primero, de nombre Babieco fue reventado en varas por el carnicero Majada. Dejar anotado que en la segunda vara cantó la gallina, para futuras consideraciones. En el primer muletazo de la faena el toro clavó los pitones en la arena, pegándose un volteretón de cuidado, y a Méndez no se le ocurrió otra cosa que ponerse de rodillas, pasando lo que tenía que pasar: volvió a clavar y darse una tarascada. Qué poca cabeza. Sin embargo, el toro se vino arriba gracias al fondo de la ganadería, sin dejar de embestir un solo momento. Julio Méndez estuvo a la altura del toro pero sin llegar a brillar por la falta de colocación en muchas ocasiones, pero siendo un novillero se la vamos a perdonar. Corrió la mano de auténtica categoría, desmayado a derechas y llevando la embestida toreadísima al natural, pero como decimos, anduvo descargado en la mayoría de muletazos. Destacar un gran trincherazo y un natural cumbre a modo de remate tras un final por bernadinas cambiando el viaje al toro en el último instante. La estocada cayó baja y aún así el presidente le otorgó las orejas. Ya teníamos suficiente con semejante esperpento cuando a mitad de arrastre el presidente sacó el pañuelo azul - recuerden el paso por el caballo -. Lo dicho, estamos pasando de premiar lo extraordinario a lo vulgar. ¡Presidente - y asesor - fuera del palco! Con la Puerta Grande ya abierta, Julio se fue a “medios-gayola”, donde tuvo que echar cuerpo a tierra para evitar que el novillo le arrollase. Se resarció con otra larga cambiada de rodillas en el tercio. El astado recibió dos auténticos picotazos en varas. Este tercio parece ya perdido. Prólogo por estatuarios al que le siguieron dos series a derechas, desmayadas de nuevo, sin que el novillo fuera toreado. A izquierdas, igual que antes, corriendo la mano con gran gusto, pero con la pierna siempre escondida, llegando así las primeras protestas del restable. Menos mal que para algunos la colocación sigue teniendo importancia. El pinchazo privó de un posible premio a Méndez, y el buen novillo, que fue bueno por ambos pitones, se fue al desolladero entre aplausos.
Y así acabó una novillada de Conde de Mayalde con grandes posibilidades para los actuantes. Gran feria ha echado esta vacada, a la que para la próxima, por poner un pero, le pediremos algo más en varas, y un punto más de casta - la que tuvo Enarbolado -. Para cerrar, me gustaría simplemente nombrar la apatía de los aficionados más exigentes, concentrados en su mayoría en el 7, que aceptaron casi sin rechistar las dos orejas de Méndez, y sobre todo, y lo más triste, la vuelta al ruedo al toro. En otros tiempos la plaza se hubiera caído.
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