Nueve toros, imagínense el petardo

 Hay días que es mejor quedarse en casa, porque para quedarse dormido en la plaza es mejor dormir en el sofá. Un total de nueve toros salieron por toriles, cada cual más flojo y soso que el anterior. Con este ganado es complicado emocionarse, por no decir que imposible. Siete de Garcigrande ayunos de todo - incluso de clase - y otros dos de Torrealta cuya única complicación fue la de mantenerlos de pie. Talavante volvió a cortar una oreja bochornosa, de nuevo otorgada por San Román, que va camino de ser el peor presidente que ha visto esta plaza.

Abrió la tarde Morenito de Aranda, al cual no le beneficia ni lo más mínimo este tipo de ganaderías. A su primero lo recibió a “medios-gayola”, aunque tuvo que levantarse al pararse el toro antes de llegar a su jurisdicción. Tras el sustillo, Morenito dejó un gran recibo por bajo, sacándose la embestida a los medios, siempre cosida en los vuelos del capote. Tras dos picotazos, Talavante dejó un quite insulso por delantales. Ya con la pañosa, Morenito anduvo excesivamente abierto de compás con un toro pasador, sin emplearse ni colocar la cara con la calidad propia de la ganadería. Los muletazos, largos en el trazo, fueron ejecutados siempre con el paso hacia atrás. Malo el toro, mal el torero. Sin embargo, nos dejó un estoconazo soberbio, echando la muleta abajo, gracias a la cual tuvo que saludar una cerrada ovación en el tercio. De las mejores de la feria. Su segundo, que se daba la vuelta del revés en el capote, se enceló en el peto, recibiendo un puyazo tremendo. Trapazos enganchados a modo de quite de Talavante, por gaoneras a pies juntos. ¿Cuándo veremos unas bien ejecutadas? El trasteo fue muy similar al anterior, pero esta vez el toro ayudaba mucho más, con un viaje más largo. Ajustado pero descargado el toreo a derechas, y al natural Morenito expulsó la embestida en la mayoría de muletazos, si bien dejó un par bien colocado. Más pitones que montera. Una estocada caída y tendida dieron paso a unos saludos sin sentido.

Continuaba Alejandro Talavante, quien ante la sorpresa de nadie no recibió la ovación propia de una Puerta Grande tras el paseíllo. Ya saben, este año no han valido ni una, con perdón de Álvaro Serrano. El segundo de la tarde, muy ofensivo por delante, se quiso quitar el palo en ambos encuentros, tras los cuales quitó Aguado por verónicas, destacando la tercera por el izquierdo. El burel “sembró el pánico” en banderillas, y ningún banderillero tuvo los aprestos para clavar más de un palo. Inició Talavante genuflexo, como en sus mejores tiempos, descolgando el toro con clase y saliéndose del muletazo, como le gusta al ganadero. Sin embargo, esta buena condición mostrada se diluyó rápido, propiciado por el amontonamiento del diestro, quien no supo dar distancia al toro ni sacárselo más allá de las rayas. Vamos, que a Talavante se le fue una embestida muy franca. Pinchazo y estocada saliéndose de la suerte. El quinto, un auténtico tanque sin cara alguna, romaneó en el jaco hasta derribarlo, pero estaba inválido y fue devuelto. En su lugar salió uno de Torrealta, bien puesto de cara, soso de salida y sin fuerzas. Y no tuvo Talavante una mejor idea que iniciar de rodillas, perdiendo el astado las manos en dos ocasiones. Del trasteo solo podemos destacar una serie de naturales, ya que el resto se dedicó a destorear y cambiarse de mano la muleta. Pero claro, cerró con un arrimón tremendo que enloqueció al público, y aunque el toro se hubiera dejado abrazar, parecía que había dominado al mismo Bastonito. Estocada delantera que escupe el toro, tirando la muleta al suelo. Qué manía más fea. El señor San Román le regaló otra oreja más, rebajando de nuevo el nivel de la plaza.

Cerraba Aguado, a quien le habían sonado los tres avisos en su anterior comparecencia. Su primero tuvo que ser devuelto por inválido, y en su lugar salió el que iba a hacer de sexto. El público que hoy puebla los tendidos de la Monumental, tan entendido, tributó una sonora pitada al ver en la tablilla que no salía el sobrero. Este es el nivel señores. Muy justo de presencia, fue recibido con templanza por Aguado, con varias verónicas excepcionales, sin el pasito atrás que nos tragamos todas las tardes. Saludó otra vez más por inercia Iván García, que ya parece que haga lo que haga hay que ovacionarlo. Sin ninguna cualidad propia de un toro de lidia embistió este garcigrande, que recibió un trasteo en el que Aguado se vistió de enfermero, logrando algún buen muletazo sin emoción. Tres pinchazos con el brazo estirado precedieron a una entera de la misma guisa. El cierra plaza iba a ser el sobrero de 715 kg, pero tuvo que ser devuelto por inválido. ¡Vaya tarde! Salió otro de Torrealta como sexto bis, el más armónico y serio de la corrida. Con él Aguado anduvo desconfiado, sin quedarse quieto delante de un toro de condición algo rebrincada. Mucho muletazo enganchado y todo en la periferia. Telonazo, brinco y entera.

En definitiva, tarde para el olvido con un Talavante populista, un Morenito desaparecido, y un Aguado que naufraga una vez más por acartelarse con estas ganaderías. 18 orejas llevamos este San Isidro, y la cosa no parece que vaya a cambiar para bien. Algo hay que hacer, empezando por el palco.


Comentarios

Entradas populares