Petardo mayúsculo

 Si ayer vivimos una tarde rotunda, lo de hoy ha estado en las antípodas. Acudíamos los aficionados tremendos ilusionados por la vuelta de un hierro tan histórico como Partido de Resina a la mejor feria de mundo - no tanto por los toreros -, y hemos salido totalmente decepcionados. En primer lugar y como principal motivo por el pésimo juego de los astados. Corrida ya de primeras con muchos toros fuera de tipo. Algunos asaltillados y otros tirando a La Quinta. Del juego poco o nada se puede rescatar. Toros vacíos por dentro, descatados, mansos, sin poder. Nada de nada. De los toreros tampoco comentar mucho, aunque ha destacado por encima del resto Jesús Enrique Colombo, quien no debería pisar en unos años por su bien y el de la afición. Ya comentaremos el por qué.

Como director de lidia tuvimos la suerte de contar con Antonio Ferrera, porque esté bien o mal, guste más o menos, siempre está atento a la lidia, tanto a la suya como a la de sus compañeros, hasta tal punto de decir al picador de Colombo donde se tenía que colocar. Su primer toro, muy bajito y engatillado de pitones, salió suelto de salida. El segundo tercio fue sorprendentemente peculiar, lidiando Ferrera y poniendo un par cada banderillero de la cuadrilla. Quizás con vista a banderillear él el cuarto, que nunca ocurrió. En la muleta, con un burel muy parado, Ferrera estuvo muy conservador, tratando de alargar una embestida de corto viaje. Todo de uno en uno. Mató con mucha solvencia. El cuarto, de gran alzada, huyó de forma literal en su encuentro con los del castoreño. Muy parado en banderillas, soso y a media altura en la muleta. Antonio estuvo tremendamente meritorio con él, llegando a robar algún natural decente. Sacó agua de un pozo vacío, pero incomprensiblemente alargó la faena. Estocada arriba y ovación a Ferrera muy protestada.

En segundo lugar actuaba el mexicano Calita, quien toreó una única corrida en España en 2025. ¿Por qué traen a estos toreros teniendo en España infinidad de ellos sin un solo contrato con un concepto infinitamente mejor? El segundo de la tarde, el más bonito de todos - pegado al suelo y largo -, fue además el de más clase. Colocó la cara con una humillación poco característica en la vacada. Sin embargo, estaba cogido con pinzas, y su exquisita embestida requería ser toreado con precisión quirúrgica, sin toques bruscos, templado. Como es lógico Calita no lo hizo. Pinchazo en la paletilla, otro trasero, y bajonazo. Gran uso de la espada, sí señor. Su segundo salió arreando, aunque no apretó lo más mínimo en varas. Muy parado en banderillas, tuvo recorrido en la muleta, pasando por ambos pitones. Muy soso, se encontró con un Calita que no dijo nada. Lo peor de todo no es que esté mal, sino que da la sensación de que ese es el mejor nivel que puede dar. Estocada arriba.

Cerró la tarde el venezolano Colombo, quien protagonizó una de las tardes más vergonzosas vistas en esta plaza en los últimos años. Al tercero del encierro, más abierto de cara, le puso tres pares cada cual peor. Todo a toro pasado. Pero muy pasado. Es difícil ser torero banderillero y poner las banderillas tan mal. Colombo debería dedicarse única y exclusivamente a torear en San Fermín, donde parece que su circo triunfa. Con la muleta otro petardo, absolutamente fuera de cacho. Y todavía cuando se le exigía colocación miraba al tendido con actitud altiva. Pinchazo hondo y golpe de verduguillo. Llegados al cierraplaza presenciamos la infamia hecha segundo tercio. Más de cinco minutos de reloj estuvo Colombo con las banderillas de la mano para no poner ni una sola banderilla a un toro parado, que siquiera se arrancaba. Solo hacía falta llegarle a la cara. Tras estos cinco minutos de absoluta incapacidad - en la que se dio el gusto de dar una vuelta para lucirse -, mandó a su cuadrilla a banderillear al toro, quienes tras infinitas pasadas lograron poner tres banderillas. El presidente no se le ocurrió otra cosa que cambiar el tercio. No se puede cambiar un tercio por incompetencia del matador y su cuadrilla. Muy mal señor San Román. Nada que destacar con la muleta.

En definitiva, tarde de petardo absoluto, tanto ganadero, como de toreros - Calita y Colombo - y del palco. Tarde para el olvido.


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