La Quinta no levanta cabeza, Diosleguarde sí
Segunda tarde de la vacada santacolomeña y segunda decepción absoluta. Encierro vacío de casta y bravura, dando la total sensación de ganadería aguada, probablemente por la búsqueda de una embestida más del gusto de las figuras que del aficionado. Algo deben hacer los Conradi. En el apartado de los matadores, Diosleguarde confirmó con una firmeza aplastante. Con mucho por mejorar, pero con una actitud encomiable.
Abrió plaza el toricantano Manuel Diosleguarde, que vino a revienta calderas. Con el toro de su confirmación logró dejar su sello en un recibo muy templado por verónicas. Por el mismo palo fue el quite tras una pelea del burel con la cara arriba. Sin probaturas inició de faena, donde el toro ya mostró sus dificultades, poniendo los pitones a la altura del pecho. Con la cara por las nubes, el astado embestía con un calamocheo muy molesto pero interesante de pulsear. Muy asentado anduvo el salmantino, siempre colocado. Buscando el muletazo por bajo, sacó varios de gran mérito, en especial los del pitón izquierdo, donde el buendía cuando iba empapado humillaba y se iba largo. Le faltó eso sí mucha pujanza y poder. Un pinchazo y una estocada tendida dieron paso a una ovación cerrada para el confirmante. Ya en lidia ordinaria se las vio con el mejor toro de la corrida. El único que tuvo un juego propio de la ganadería. Bizco del pitón izquierdo, fue recibido en los medios de forma impoluta, sin un solo enganchón. En varas apretó con mucho poder - con la cara arriba -, siendo picado criminalmente por Curro Sánchez con dos puyazos en la paletilla. A pesar de ello, el burel aguantó con gran vibración durante todo el trasteo. Cuanto más abajo se le llevaba mejor respondía. Es lo que tienen los toros encastados. Con la muleta en la derecha surgieron las primeras series, de mano no excesivamente baja, continuando con dos por naturales donde al toro le costaba un mundo pasar, sin humillar y con poco recorrido. Diosleguarde - siempre firme - tampoco puso mucho de su parte para remediar la situación, citando al toro con el estaquillador por encima de los pitones prácticamente. Volviendo al pitón de mayores cualidades, ahora sí que le bajó la mano de verdad, igual de asentado que siempre. Faltó quizás rematar el muletazo con mayor profundidad, pero la dimensión ofrecida dejó más que satisfechos a los aficionados. Media tendida y ovación cerrada de nuevo.
El veterano del cartel demostró que ya no está. Tampoco tuvo toros, pero solo hay que ver como se desenvuelve en la cara de los mismos. El segundo de la tarde fue devuelto por inválido y salió en su lugar un sobrero de José Manuel Sánchez, de gran alzada y horrible estampa. Anduvo distraído durante toda la lidia, acudiendo a mil capotes. En la muleta resultó soso sin llegar nuna a humillar. Con él, El Cid se valió únicamente del pico de su muleta para edificar una faena insulsa. No se colocó en ningún muletazo. Alguien como el sevillano no puede venir tan aliviado a Madrid. Estocada baja y cuatro golpes de verduguillo necesitó para acabar con su oponente. El cuarto de la tarde, de gran arboladura y extremidades cortas, se meció con clase en el capote de Manuel Jesús, pero ya demostró su mansa condición. Se rajó en la segunda serie de la faena, acabando en tablas. Esta vez fueron cuatro pinchazos y una media. El Cid continúa con su tradición con los aceros.
Testigo de la confirmación fue Álvaro Lorenzo, a quién le tocó en suerte un toro que nunca debió haber salido por los toriles por su pésima presentación. Acudió alegre al caballo sin empujar lo más mínimo, y de nuevo intervino en quites Diosleguarde, esta vez por tafalleras. Quince embestidas potables tuvo el toro, que no fueron aprovechas por Álvaro, quién se dedicó a hacer pasar al toro, hasta que se dio cuenta que se había quedado sin él. A veces hay que torear pronto y en la mano, y no ir haciendo a los toros para apretarles al final. Estocada arriba. Su segundo fue otro manso redomado, en el que otra vez participó Diosleguarde, que no se dejó nada en el hotel. Chicuelinas de estimable ejecución. El toro se defendía en la pañosa, con la cara arriba pero vacío de poder. Solvente Álvaro, que dejó una estocada tendida.
En definitiva, tarde para replantearse dos cosas. La primera: el desolador rumbo que está tomando la Quinta. Y la segunda: el por qué Diosleguarde no torea ni en Salamanca. Hay que darle una buena oportunidad, y en Madrid se ha ganado la repetición.
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