La torería de Urdiales no tiene límites
Diego Urdiales se ha reencontrado hoy con la afición de Las Ventas en una tarde completísima. Lo tuvo todo. Cumbre absoluta con el capote, pellizco y buen toreo con la muleta y yéndose detrás de la espada. Poco más se le puede pedir a Diego, que cuando torea lo hace como pocos. Roca Rey, por su parte, a pesar del despojo recibido, estuvo desconfiado y fuera de sí, enfrentándose al público y dejando dos trasteos insulsos. Aloi aburrió. La corrida de Juan Pedro, mal presentada, cumplió sin destacar en el primer tercio pero fue buena para el torero. Al aficionado no le dijo nada por su infinita bondad y falta de casta.
Abría la tarde el confirmante Bruno Aloi. El basto que hizo de primero salió flojo de remos - como toda la corrida -, aunque apretó abajo en el peto. Tanto el quite como el inicio de faena fueron por arriba, por tafalleras y estaturarios, respectivamente. La faena no alcanzó vuelo por la mala condición del juanpedro, que llegó a claudicar en varias ocasiones durante el trasteo. Horrible a espadas Aloi, dejando cuatro pinchazos y un bajonazo infame saliéndose de la suerte con telonazo incluido antes de dejar una entera. El cierraplaza fue un auténtico novillo con el que se debió haber caído la plaza, pero solo escuchamos un par de palmas de tango. Este perdió dos veces las manos antes de llegar al caballo, donde acudió hasta en cinco ocasiones al partirse la vara en tres de ellas. Y al quinto encuentro el toro seguía acudiendo, benditos los ojos que ven a juanpedro acudir así al caballo. Con los palos Pablo Gallego anduvo solvente, viéndose obligado a saludar. Toro malo en el último tercio, pero malo en nobleza, que se traduce en aburrimiento. Faena interminable del mexicano cuando llevábamos nada más y nada menos que dos horas y tres cuartos de corrida. Hay que saber cuando hay que ir a por la espada.
El segundo del envío de Juan Pedro, justo de presentación, recibió un buen ramillete de verónicas de Urdiales, quien jugó los brazos con maestría, sobre todo por el derecho. También quitó por verónicas, pero esta vez no fueron lucidas ya que el burel se cayó en dos ocasiones. Roca hizo lo suyo por chicuelinas y tafalleras. El trasteo fue como una clase a sus compañeros de terna, para que aprendieran a torear. Mucho más erguido, con mayor naturalidad. El trazo mucho más curvo, y toreando con la panza de la muleta. A derechas faltó la colocación que encontró al natural, dejando muletazos con mucho pellizco y temple. Culminó la faena con un estoconazo en todo lo alto, recibiendo como premio una oreja algo justa. Con una vuelta al ruedo hubiera sido suficiente. A su segundo, que se tapaba por la cara, lo volvió a recibir a la verónica, y por el mismo palo dejó sin duda el quite de la feria. Cuatro monumentales, sin perder paso, toreando con los vuelos del capote, con su “panza”. Y llegó la media, con la pierna de salida ligeramente adelantada, echándose la embestida a la cadera. Cumbre a la verónica en Las Ventas señores. El prólogo de faena fue de estos que no se ven, a dos manos por bajo, rezumando torería por los cuatro costados, rematados con una trincherilla de cartel. ¡Qué inicio por Dios! La faena tuvo más ajuste que la anterior, embarcando la embestida adelante y llevándola hasta los límites de su trazo curvo, detrás de la cadera. Vamos, toreando. Faltó algo de continuidad en la faena, quizás por quererse traer tanto la embestida hacia sí, pero dejó muletazos de oro. El final fue por bajo, con varios rodilla en tierra tremendos, arrebatados. A la hora de la verdad le recetó un estoconazo que cayó algo desprendido, pero donde se tiró de verdad, con todo. Así se matan los toros. Cómo no podía ser de otra forma, cortó un orejón de los de verdad. Lo que le pudo faltar a la primera oreja le “sobró” a esta. El juanpedro se marchó entre ovaciones, pero como ya hemos dicho, fue un mero colaborador con el que el torero pudo hacer lo que quisiera. Pero sí, fue bueno en la muleta, todo hay que decirlo.
Volvía a Madrid tras el pasado San Isidro el mandón del toreo, con perdón de Morante. Y hoy no demostró su privilegiada posición. Su primero, cómodo de cara y sin remate, salió flojo para sorpresa de nadie. Quite por tirones a modo de gaoneras de Roca tras el que inició por estatuarios en el tercio. Trasteo sin fondo, despegado, sin colocarse ni por equivocación. El toro humillaba lo indecible y respondía por bajo, pero Roca se trajo la faena de casa y no supo llevar tan bonacible embestida. Para colmo tuvo que ayudarse al natural con la espada sin razón aparente. Dejó una buena estocada de ejecución pero algo tendida. El quinto de la tarde fue el más serio por delante, al que Roca recibió por delantales perdiendo sus característicos pasos. Al fin quitó por verónicas Roca, pero fueron todas con el paso atrás. Por tapatías hizo lo suyo Aloi, abrochadas con una buena revolera. Inicio boyante de Andrés de rodillas, pasándose el toro por la espalda. La gente loca con la nada. Descargado a derechas y a izquierdas mejor colocado de pies, pero siempre doblado. De nuevo tuvo que hacer uso de la ayuda al natural para no sabemos qué, porque no hacía aire ni el toro le quería comer, todo lo contrario, tuvo gran nobleza y clase. Dentro de su toreo de alivio, el uso de la ayuda es otro más en su repertorio. Cerró con dos norias infames, en las que salió mirando al tendido como si hubiera hecho la faena de su vida. Dejó un pinchazo y una estocada y el presidente le regaló una oreja. José Luis González González sucumbiendo al taurineo una vez más. Tras la pertinente vuelta al ruedo, Roca saludó al 7 de forma altiva y retadora desde los medios, gesto que le costará caro en su segunda comparecencia.
En fin, corrida moderna de Juan Pedro Domecq, que se habrá ido a casa felicísimo. Otra Puerta Grande más de las seis que llevamos, sin sensación de la rotundidad de las dos orejas. Urge exigir dos orejas en un mismo toro para salir por la PG en Madrid. Esperamos también que esta corrida sirva a Urdiales para alcanzar la posición en las ferias que merece.
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