Álvaro Serrano llama a la puerta del toreo
Hoy día 1 comienza el mes más bonito para los aficionados a los toros en Madrid. 24 festejos en 31 días. Se dice pronto. Y este primero de mayo hemos asistido a una novillada a modo de concurso, que no lo ha sido, con toreros y ganaderías de la Comunidad de Madrid, dejando una entrada que rozaba los 3/4. Hoy se puede decir que hemos visto torear, tarea difícil en los tiempos que corren.
El toreo brotó en el quinto de la tarde, de manos de Álvaro Serrano, que ha dejado muletazos dignos de premio. Lo más importante no es el premio que se ha escapado - que también -, sino las buenas sensaciones que ha dejado.
Antes de comentar todo esto, volvamos al principio. En primer lugar actuaba David López, que se topó con un primero de Guerrero y Carpintero, que salió ya picado de toriles. Para más inri salió rebotado del caballo que montaba el varilarguero de turno. Fue en este toro donde comenzó la gran tarde de Álvaro Serrano, entrando en su turno de quite y dejando un par de chicuelinas notables. A media altura fue el inicio de David, tal y como pedía el toro por su falta manifiesta de fuerzas. Simplemente se dedicaba a pasar por allí, sin un ápice de transmisión. David López, tras pasarse de faena, pinchó dos veces antes de dejar una buena estocada con revolcón incluido. Con la taleguilla rota se marchó David al callejón. El cuarto de la tarde, de Toros de Ayuso, tenía un cuajo magnífico. El burel, que derrotó de salida, se fue frenando cada vez a cada capotazo que recibió de una lidia nefasta. En el primer encuentro con los del castoreño apretó de verdad, en bravo, llevándose el caballo a las tablas y más tarde empujando hacia los medios. Sin embargo, en la segunda entrada, nada más tocó el caballo fue retirado por el peón, privándonos así de verle pelear bajo el peto. E incluso se le podría haber dado otro puyazo, o al menos verle entrar sin recibir mucho castigo. En la muleta tuvo poco recorrido, que sumado a un punto de castita hizo que David no encontrara el lugar donde estuvieran cómodos toro y torero, llegando a verse desbordado por momentos. Con una estocada desprendida y atravesada puso fin a su actuación.
En segundo lugar toreaba Álvaro Serrano, vigente campeón del circuito de novilladas de la CAM. En primer lugar se encontró con un astado de gran arboladura de Caras Blancas de Carpio, que se vencía en el capote. Pese a ello Serrano estuvo impoluto con él, evitando enganchones y tirones. Manso de remate en el caballo. A pesar de lo incierto del novillo, Álvaro inició muy seguro y confiado, impropio de un novillero. Con la pañosa en la derecha estuvo tremendamente asentado, arrebatado incluso, siempre firme. Los muletazos surgieron sin excesivo ajuste - que el toro no permitía porque se colaba - pero rematados por bajo, siempre dejando la muleta en la cara. Tres series duró la faena, que decidió cortar el de Navas del Rey tras ver cómo se rajaba su oponente. Estocada desprendida al segundo intento y petición sin sentido no atendida, como es obvio. Saludos. Y la revolución llegó en el quinto de la tarde, de Ángel Luis Peña, altote y escurridito. El novillo, soso de salida, salió suelto del primer encuentro, y en el segundo el picador fue sorprendido por el novillo, marrando en numerosas ocasiones. Clarines y timbales dieron comienzo a un tercio de muerte en el que el burel protestaba a media altura y por bajo, aunque algo afligido, pasaba con clase. Las primeras series se desarrollaron sin excesiva emoción, pero en las que Álvaro dejó su sello. Una de estas series la cerró con un trincherazo que duró una eternidad, muy jaleado. Se notaba que la plaza sabía lo que estaba viendo. Y a mitad de faena cogió la mano izquierda. Por este pitón el toro tenía algo más de recorrido, lo que permitió un gran toreo al natural, ejecutado siempre asentado en la pierna de salida y rematando detrás de la cadera. Ahí está el toreo. El toreo de verdad. El epílogo de faena estuvo lleno de inspiración, por bajo, y con un kikirikí monumental. Se hizo el silencio en la plaza, empujando para que entrara la espada. Pero no fue así. No lo vio claro Álvaro, que dejó un rosario de pinchazos. Unos saludos desde el tercio supieron a poco. Esta vez sí se perdió la oreja por la espada.
Cerraba la tarde Joel Ramírez, que pasó de puntillas. El tercero del encierro, de Hnos. Sandoval fue un novillo impresentable, con cara de eral. Nunca debió salir por toriles. Como es lógico, levantó las protestas del respetable, que vieron además como el toro se volvía a corrales por su condición de manso. El picador de turno era Juan Manuel Sangüesa, que venía de una actuación bochornosa el pasado 22 de marzo. Y hoy demostró que o no sabe montar a caballo, o que los caballos de Equigarce no están bien domados. Me decanto por la primera. Un picador que no sabe montar a caballo no puede ser picador. En la muleta el toro pasaba sin clase, aunque se rajó en seguida. Tras aburrir al personal con una faena interminable, le propinó un estoconazo, tirándose de verdad. Saludó una ovación como premio por la estocada. Finalmente salió un novillo de El Retamar, sin excesivo remate. Encastadito ya desde salida, cortaba en banderillas. Y en el tercer par prendió a Raúl Ruiz tras intentar clavar un par con gran exposición. Honor a los banderilleros machos. Tras brindar el toro al público y dejar la montera en la enfermería, comenzó de rodillas. El novillo tenía mucha emoción, fruto de la casta. Con carbón incluso. La sorpresa surgió cuando Joel cogió la mano izquierda, ya que el toro descubrió una gran recorrida por dicho pitón. Toro de tragar en ocasiones, pero de apostar. Y Joel tragó, pero no apostó. Optó por dar los muletazos de uno en uno, sin llegar nunca a ligar. Acabó en las cercanías ante un oponente ya afligido. Hizo guardia la espada antes de un pinchazo y una estocada final.
En definitiva, la novillada, sin llegar a romper, se ha dejado torear, y el que ha toreado de verdad ha sido Álvaro Serrano, al cual podremos volver a ver en la primera novillada del ciclo isidril el 12 de mayo ante novillos de Montealto.
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