Un gran Dulce y la pureza de Jarocho al natural
Hasta el último toro tuvimos que esperar para ver un puñado de muletazos de los de verdad, de los que se quedan en la memoria al acabar la feria. Jarocho bordó el toreo con el noble del lote, pero no hemos de olvidar que pasó de puntillas con un tercero de bandera, de nombre Dulce, tremendamente encastado y bravo en el caballo. Otro torazo en esta plaza de Pedraza de Yeltes, que echó una tarde interesante.
El director de lidia de esta tarde ha sido sin duda el más joven de todo San Isidro, siendo ni más ni menos que Isaac Fonseca, que no ha cumplido siquiera los cuatro años de alternativa. Esto habla de la tremenda juventud de la terna. El primero de la tarde, de tremenda alzada, recibió dos puyazos criminales, uno en el espinazo y otro en la paletilla, tras el cual Molina quitó por tafalleras rematadas con una gran media, lo mejor de su tarde. En banderillas hubo de saludar Iván García una ovación muy cariñosa. Lo que decíamos ayer, se ha pasado de premiar lo excepcional a lo simplemente bueno. El burel tuvo poco recorrido en la muleta, y con él Fonseca buscó siempre la colocación pero escondiendo la muleta entre pase y pase, hasta que al final de faena hizo repetir al de la vacada charra dejando una buena serie a derechas. Finalizó con una gran estocada arriba con brinco incluido, cuyo premio fueron unos saludos en el tercio. El cuarto, el más terciadito del envío, salió con castita de chiqueros, acudiendo con alegría al jaco, donde cantó la gallina al segundo encuentro. Quitó Molina por la espalda. Menudo susto nos llevamos cuando en el inicio de faena el toro atropelló en el sentido más literal de la palabra a Fonseca al intentar sacárselo por la espalda. Tras esta tremenda tarascada, se puso de hinojos, dejando muletazos de mucho mando por bajo, donde el toro respondió con la transmisión fruto de la casta. Ahí anduvo Isaac, sin llegar a apostar con un toro con carbón pero de medio viaje. Dejó tres pinchazos en la contraria con telonazo y un capón a modo de estocada. Destacar el grandioso quite de Raúl Ruíz para salvar a su matador, que había quedado a merced del toro.
Continuaba José Fernando Molina, quien sorteó un primero imposible, que no valió un duro. En cuanto se le apretaba por bajo se caía o paraba, y a media altura embestía cabeceando. El albaceteño dejó una estocada tendida. El quinto de la tarde salió tremendamente engallado. Derribó al jaco en el primer encuentro al romanear en los pechos del caballo. Los monosabios no fueron capaces de levantar al equino, por lo que se picó al toro con el que hacía puerta, que para estos casos sí es válido. Pero, ¿por qué no se mueve hacia el 10 para que el toro no sea picado en los chiqueros? El astado apretó de lo lindo en banderillas, llegando a cazar a Fernando Casanova, quien tuvo que pasar a la enfermería. En la muleta el toro tuvo una nobleza infinita que aprovechó Molina para destorear a conciencia. Absolutamente fuera de cacho y perfilero, levantó las merecidas protestas del respetable. Así no se puede venir a Madrid.
Cerraba un torero que ha cogido el pulso a Madrid desde novillero. Jarocho sabía a lo que venía, por lo que a su primero ya lo dejó largo en el caballo. Tras dos puyazos arrancándose como una auténtica exhalación, apretó debajo del peto como pocos lo han hecho esta feria. Y sorpresa, se cambió el tercio. Por Dios, ya ni con las ganaderías más toristas, ni con el presidente que se presupone más exigente, ni con un toro tremendamente espectacular en varas, vemos un tercer puyazo. Madrid está perdiendo su idiosincrasia, y es muy triste ver cómo se degrada un tercio tan bonito como el de varas. El toro, a pesar de ser mal castigado en varas y recibir un infame segundo tercio, llegó a la muleta con mucha movilidad y sobre todo casta a raudales, queriéndose comer la muleta, que haría quitarse de la profesión a muchos de las figuritas de la actualidad. Jarocho anduvo con cierta templanza, destacando un par de buenos naturales templados, pero lo cierto es que no pudo con el toro. Le sobrepasó. Pero, ¿a qué matador a su edad no le sobrepasa? A ninguno probablemente. Tras un final a pies juntos dejó un pichazo en la contraria - de nuevo un matador equivocándose claramente de suerte ante un bravo ejemplar - y un bajonazo en la natural. Saludos en el tercio muy protestados, que nunca debieron haberse consumado. Como cierraplaza le salió el toro que a él le gusta. Este se arrancó con alegría y apretó abajo en la primera vara. Muy bien estuvo sobre la cabalgadura Juan Melgar, quien dejó una grandiosa segunda vara, en la mismísima yema. El mejor puyazo de la feria - premio no muy competido -. Comenzó el burgalés al natural - qué alegría que no se den tres series de trapazos a derechas antes de que el matador se atreva a coger la izquierda -, templando la nobilísima y enclasada embestida del de Pedraza. Con esta misma mano dejó de los muletazos que quedan en las retinas, muletazos de los de verdad. Con el compás muy cerrado, con una naturalidad al alcance de unos pocos elegidos, y toreando con las muñecas. Acarició las embestidas en muletazos en línea curva con un relajo pasmoso. Así se torea señores. El mal uso de la espada le privó de pasear algún trofeo.
En definitiva, la corrida, de tres y tres, fue de interés, con un tercero que ha encantado al aficionado, y que de nuevo ha sido el más pesador de la corrida, para que luego digan que los toros con peso no embisten. La pena fue que nos robaron la tercera vara, pero nos resarcimos con el toreo de verdad de Jarocho. Se ha ganado por méritos propios la repetición. Fonseca y Molina poquita cosa.
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