Javier Cortés o la profundidad sin alharacas

 Día lluvioso en Madrid, encapotado el cielo. Tres matadores salen por la puerta de cuadrillas ante la mirada de una Monumental madrileña que rozaba el lleno. Día de expectación por una terna muy del gusto de la capital del toreo. Y no es para menos. Uceda Leal, maestro del clasicismo. El Cid y su mano izquierda. Javier Cortés y su pureza. Quedaba que embistieran los pupilos de El Pilar. Sin llegar a ser una corrida completa ni mucho menos, al menos dos, segundo y sexto, fueron de lío en la muleta.

Uceda Leal, en su 30 aniversario de alternativa, no estuvo a la altura de la exigencia de Madrid. Vino a pasar la tarde. Y no solo se vio reflejado en sus toros, sino también en la lidia de sus compañeros. Su primer toro, falto de remate en la culata, embistió con rectitud al capote, sin abrirse en los vuelos. Tras un puyazo muy fuerte y trasero, recibió un picotazo. ¿Por qué no dosifican el castigo los picadores? Nunca lo entenderemos. Comenzó el madrileño por pases del telón, pulseando las embestidas de un toro que si no iba embebido en la muleta se paraba y protestaba. Por el izquierdo no quiso nada. Nunca llegó a colocarse Uceda por el pitón más potable del toro, quedando la duda de hubiera respondido. Dejó una estocada arriba saliéndose un punto de la suerte. Con el cuarto de la tarde, muy serio, logró estirarse a la verónica con un burel que se dejó pegar en el caballo, y que recibió una lidia más propia de un pueblo que de la primera plaza del mundo. Pasadas y más pasadas, a la media vuelta y de una en una. Tercio de banderillas del siglo XIX. Con la pañosa se vio un Uceda apático, sin ganas de triunfo, a pesar de que el astado tenía una nobleza infinita, que aunque viera un torero totalmente fuera de sitio, nunca hizo un feo. Mala tarde de Uceda, que culminó con una media perpendicular al segundo encuentro.

Volvía Manuel Jesús El Cid a Madrid tras 2 temporadas en blanco. Y volvió sin redondear sus actuaciones pero dejando muletazos que firmaría el mejor Cid. A su primer toro, muy serio, le recibió con templadas verónicas, de mano baja. El de la divisa charra empujó bajo el peto y recibió un buen quite por chicuelinas por parte de Cortés. En banderillas estuvimos a punto de ver prendido a Rafael González - quien saludó tras dos pares con mucha exposición - por la mala colación de Uceda. La apatía de uno casi le cuesta un percance al otro. Por naturales comenzó El Cid casi sin probaturas, dejando algunos de bella factura. “Sospechillo”, enclasado a más no poder por el izquierdo, tampoco era un borrego, y se le coló un par de veces a El Cid, fruto de la mala colocación. Los mejores pasajes de la faena llegaron en la segunda mitad de la misma, cuando el de Gerena logró finalmente acoplarse, rematando además los muletazos por debajo de la pala del pitón y en línea curva, a diferencia de los trazados en línea en la primera mitad del trasteo. Y llegó la hora de entrar a matar, el talón de Aquiles de El Cid, que tras elegir mal los terrenos, pinchó hasta cuatro veces - dos con el toro aculado en tablas - antes de que el toro se echara sin una estocada. En el quinto del encierro, más largo que sus hermanos, poco podemos destacar. En los primeros tercios, el burel recibió una buena lidia de Rafael, que echó una gran tarde. El Cid pasó de puntillas con un toro algo protestón por del derecho, con el que estuvo siempre fuera de sitio. El toro recibió más pasadas que muletazos, a pesar de su nobleza por el izquierdo. Una media desprendida sirvió para atronar al toro y así despedirse El Cid de Madrid.

Cerró la tarde Javier Cortés, que vino con hambre de triunfo, y así se vio reflejado en sus dos toros. Su primero, muy alto, embistió a media altura de salida, y así lo hizo en la muleta. Había que llevar muy toreado al toro, tirando de él en todo momento, ya que sino se paraba. Los tres primeros muletazos de las series por del derecho se sucedieron en redondo, en una baldosa, pero a partir del cuarto el toro no pasaba, a pesar de la firmeza de Cortés, siempre asentado. Nada pudo hacer por el pitón izquierdo, de embestida irregular. Unas veces se abría y otras apretaba. No llegó a coger vuelo la faena por la condición del toro, pero se apreció de sobrada manera la disposición y la pureza de Cortés. Estocada baja. El cierraplaza tenía por nombre Niñito, nombre célebre en la ganadería. Pasó de puntillas en varas, pero en banderillas tuvo muy buen son, que aprovechó a las mil maravillas Pablo Gallego para poner un par que rozó la perfección e hizo ponerse a toda la plaza en pie. ¡Qué forma de clavar en la cara! La plaza ya estaba caliente. Qué importante es tener una buena cuadrilla. La faena se sucedió con una firmeza y asentamiento admirables. Toreo en una baldosa a derechas, sin perder un paso. La diferencia entre hacer la noria y torear está en la profundidad que le imprimió a los pases Javier Cortés, rematando detrás de la cadera y quedándose siempre colocado para el siguiente muletazo. No necesitó perder pasos, ni siquiera darlos hacia delante. Bajó un punto la faena cuando cogió al nartural, ya que el toro estaba más remiso por ese pitón, y la exigencia de la faena le había afligido. Y cuando el trasteo parecía que iba a caer, volvió Cortés de nuevo con la derecha pegando la serie de la tarde, con un derechazo larguísimo y un ayudado por bajo que duró una eternidad, toreando al toro. Sí, toreándolo, ya que no fue un pase para gustarse, sino que enganchó al toro delante y lo llevó en la muleta hasta el final de la suerte. La plaza en pie. Volvió Cortés a Las Ventas señores. Pero todo se acabó diluyendo tras dos bajonazos muy feos. De nada sirve torear así si no se mata.

En definitiva, corrida interesante del Pilar, con algún toro empujando debajo del peto y con dos toros de mucha nota en la muleta. Uceda irreconocible. El Cid sí pero no, ya que tardó mucho en entenderse con el segundo. Y Javier Cortés se llevó la tarde, con dos faenas de mucha firmeza, destacando la del sexto, en la que perdió una oreja de mucho peso por el horrible uso de la espada.


Comentarios

Entradas populares