Román no convence con un Enarbolado de lío

 Tres horas de festejo, de puro sopor en su mayoría. El reloj marcaba las diez de la noche y aún seguíamos en la plaza unos miles de valientes. Los que aún quedábamos solo teníamos en la retina a “Enarbolado”, un toro de Conde de Mayalde para romper Madrid en dos.

Del envío de Mayalde solo se estoquearon cuatro, ya que tuvieron que salir dos cebones sobreros de Fermín Bohórquez. Lo del Conde acudieron con alegría al caballo y ninguno salió suelto. En la muleta todos tuvieron posibilidades. Toda la corrida se picó en el 6 por el supuesto mal estado del ruedo en la zona de la Puerta Grande.

Empezaba mal la tarde, con un toro que fue no devuelto a corrales hasta que se acabó derrumbando en banderillas. ¿Por qué se espera tanto cuando está claro que un toro es un inválido? Lo sustituyó un acochinado Bohórquez que salió emplazado. Nunca se empleó en nada de lo que hizo. Dormido en el peto y dormido en la muleta, donde Galván estuvo espléndido. Eolo hizo acto de presencia y dificultó la meritoria actuación de Galván, basada en buscar siempre la colocación y robar muletazos tragando mucho. Magníficas fueron las dos últimas series al natural. Complicado sacar más con menos. Media estocada en el sitio, golpe de verduguillo y ovación cerrada al matador. Al hacer el quite de turno por chicuelinas al tercero de la tarde resultó prendido en la zona lumbar. Tuvo que ser atendido en la enfermería y salió a matar el sexto, cuarto en lidia ordinaria, amplio de sienes. Lo recibió a la verónicas, a pies juntos, pero no se pudo hacer más ya que se desplomó en dos ocasiones y fue devuelto. Otro de Bohórquez hizo de sexto bis, más feo aún si cabe que su hermano. Tuvo una embestida muy de rejones: a media altura y con ritmo sostenido, pero con nula transmisión y clase. Pocas opciones para un Galván que se acabó amontonando. Estocada tendida.

Román de nuevo sorteó el mejor lote. Nada nuevo. Y de nuevo se fue de la plaza por la puerta equivocada. Ya son muchas tardes. Su primero, muy enmorrillado, fue parado en los mismos medios sin motivo aparente. Blandeó el toro en varas, donde fue mal picado. Nada nuevo. Las faenas de Román son todas un calco. Citando desde lejos, luciendo al toro, pero sin llevarlo nunca toreado. El astado metía bien la cara por ambos pitones con recorrido, aunque buscaba puntear los engaños en ocasiones. Todos los muletazos, sin excepción, surgieron en línea. Toreo más de expulsión que de reunión. Acabó el toro en tablas y tuvo que ser matado allí mismo, donde recibió nada menos que cinco pinchazos, una media y dos golpes de descabello. En cuarto lugar salió “Enarbolado”, con el número 15. Con alegría acudió a la jurisdicción del picador, donde empujó con un solo pitón y se fue sin picar por orden el matador. Desde los medios recibió Román al de la vacada toledana, que tuvo todo lo que debe tener un grandioso toro. Prontitud, humillación, clase, entrega a la hora de tomar la muleta, transmisión. Y Román no pudo con él. Únicamente se pueden salvar los últimos muletazos de las series, donde con el toro ya parado, Román recuperaba la verticalidad ausente en el resto de la serie. Mató de una estocada perpendicular recibiendo, de bonita ejecución, y paseó una oreja que supo a poco. Al valenciano no se le puede reprochar ni lo más mínimo la generosidad que tiene con el aficionado, ya que luce todos los toros, y gracias a él los podemos ver a la perfección, pero en cuanto se le acaban las inercias propiciadas por citar de lejos, se le ven las costuras. No es capaz de templar una embestida, y menos de pasársela cerca. Le agradecemos la disposición, pero se le van los toros. Este “Enarbolado” tenía un cortijo en su embestida, y de haber sido cuajado estaríamos hablando más de él y no tanto de “Ganador”. Este tuvo más empuje en la embestida, y aunque con menor calidad, fue infinitamente más bravo en el caballo, sin llegar a serlo de verdad.

Había actuado en tercer lugar un Gonzalo Caballero muy poco toreado. Buen son tenía el toro, que sin picar, propició el lucimiento de Iván García, el cuál recibió una excesiva ovación. Brindó Caballero al cielo, a su queridísima María, que en paz descanse. La faena, vacía de contenido, se sucedió entre muletazos en singular, todos de uno en uno, escondiendo siempre la muleta entre pase y pase. Faltaron muchas cosas, pero sobre todo ligazón ante un oponente que a pesar de no embestir humillado no hacía un mal gesto y pasaba sin rechistar. Mal con los aceros Gonzalo, quien volvería actuar en quinto lugar. Pronto y alegre fue también en varas, al igual que el resto de hermanos. Dos grandes pares de Ángel Gómez pusieron en pie a la plaza. Ahora sí. Inicio por estatuarios que no acabó de aceptar un toro que pedía los papeles. En el toreo fundamental la embestida iba humillada. Con ella Gonzalo estuvo tremendamente firme, pero nunca llegó a coger vuelo la faena. El burel se vino pronto abajo. Un pinchazo y una estocada pusieron fin a su vuelta inesperada a Madrid.


Comentarios

Entradas populares