Madrid se humilla con una Puerta Grande de escándalo

 ¿Para que torear si puedes triunfar sin hacerlo? Eso ha sucedido hoy. Fernando Adrián ha salido a hombros sin haber dado un muletazo en condiciones con dos toros para desorejarlos. Como lo escuchan. Todo bajo la permisiva mirada de un presidente cuyo objetivo es cargarse la rigurosidad de la primera plaza del mundo. ¡Rodríguez San Román dimisión! Por contra, quién ha toreado de verdad ha sido Saúl Jiménez Fortes, pero aquí lo que se premia es no torear. Urdiales, magnífico toda la tarde, pechó con el peor lote. La corrida de El Torero, de impoluta presentación, ha sido tremendamente interesante, con toros de toda clase. Unos para hacer el toreo y otros para tirar la moneda. Enhorabuena ganadero.

Abría la tarde el arnedano Diego Urdiales, quien destacó por encima de todo por su uso con la espada y sus intervenciones en quites, dejando una verónica y un delantal para el recuerdo. Con su primero, de bruta condición, corto recorrido y nula humillación; nada pudo hacer. Ya había salido distraído, durmiéndose además en el peto. Durante el trasteo molestó el viento y el burel acabó sin atender a los toques. Una gran estocada puso punto y seguido a la tarde. El cuarto en lidia ordinaria, de magníficas hechuras, se daba la vuelta del revés en el capote del riojano, aunque cuando llegaba a su jurisdicción colocaba bien la cara. Comenzó Urdiales a dos manos, sin excesivo lucimiento, continuando con series a derechas de escaso calado en los tendidos debido a la sosería del toro, que nunca quiso coger la muleta de verdad. La falta de emoción en la embestida del burel se vio compensada con la mano izquierda del torero, quien enjaretó despaciosos naturales buscando siempre la pureza en la colocación. Abrochó su tarde con otro estoconazo en todo lo alto.

Firmó también una actuación muy completa el malagueño Fortes. Debe haber salido de la plaza con los sentimientos encontrados. Feliz por haber dado una gran dimensión, pero triste por ver cómo la pureza y la verdad tienen menos peso en los tendidos que el engaño constante. El segundo de la tarde, con dos espabiladeras de miedo, fue de tremendo interés para el aficionado. Salió arando la tierra con el hocico y Fortes logró dejar un garboso saludo capotero. En varas, al igual que en todos los tercios, metió la cara abajo, sin llegar a empujar. Y en una de estas, sacando Saúl al toro para volver a ponerlo en suerte, se le coló por el izquierdo, propinándole una voltereta de espanto de la que se pudo recuperar. En el último tercio el burel no quería nada por ese pitón - estando a estar escasos centímetros de coger al matador tras revolverse en un pase de pecho -. Sin embargo, por el derecho el toro tenía una clase exquisita, que pedía ser llevada con suavidad, ya que con un mal tirón el toro protestaba por su clara falta de fuerzas. Fortes estuvo valentísimo con él, recibiendo una ovación del gala en el tercio tras matar de una estocada caída. El quinto de la tarde, el único de todo el encierro que enseñaba las puntas, acudió al jaco con buen son, aunque bajo el peto no empujara. Por fin vimos un quite diferente a las chuchurrinas habituales. Esta vez fueron tafalleras a pies juntos por parte de Fernando Adrián, algunas por la espalda, resultando atropelladas en conjunto. Ya desde el prólogo de faena Fortes mostró su exquisito sentido del toreo, dejando un redondo a izquierdas que duró una eternidad, y en el que el toro demostró la clase que llevaba dentro. Esta clase fue aprovechada hasta la última gota en una faena marca de la casa, con un embroque para paladares refinados. Destacó por encima del resto dos naturales monumentales con la pierna de salida adelantada - así como solía hacer Rafael de Paula - concluidos con un kikirikí de sabor añejo. Esta vez los muletazos sí fueron rematados por bajo, cosa que había costado en los primeros compases de la faena. Tras esta cumbre enjaretó otra por el mismo palo, esta vez más de perfil, pero con una profundidad y despaciosidad fuera de lo común. De los mejores naturales de lo que llevamos de feria. Una pena fue la espada, que viajó algo caída, sin llegar a ser impedimento para que Saúl paseara una oreja.

Por último “toreó” uno de los matadores con mayor fortuna en los sorteos. Hoy nos lo volvió a demostrar. Lote nada menos que para salir con cuatro orejas y la temporada resuelta. El primero de nombre “Encarcelado” fue un precioso berrendo en negro, que nos emocionó a todos desde salida, con una embestida humillada y haciendo el avión que muy pocas veces se ve. Qué barbaridad. Y en la muleta tuvo una cualidad por encima del resto: transmisión. El toro era una auténtica máquina de embestir, que recibió todo del revés. Las primeras series, tan importantes para el comportamiento del toro, se dieron en el tercio y en la corta distancia, hasta que Fernando Adrián se dio cuenta de que el toro pedía medios y distancia. Ni con esas vimos un solo muletazo. No exagero. Amontonados, veloces y fuera de sitio se fluyeron todos. Difícil ver menos con tanto. Como aquello no cogía vuelo, Fernando optó por las espaldinas y bernadinas. Toreo fácil, aplauso fácil. Una estocada tendida dio paso a una petición no mayoritaria concedida por un palco de portátil. Ovación cerrada al toro. Cerraba la tarde uno de los toros más serios de la feria, con un remate envidiable, de nombre “Herrerillo”. En banderillas el toro apretó y prendió a Curro Javier, quien puso un primer par de titánica exposición. Y además ha sido un toro de los de verdad. No solo por su presencia, sino por su encastada embestida, con ese carbón que tanto demandamos los aficionados al toro. Cuanto más por abajo se lo llevaba mejor embestía. Cuanta más verdad se le ponía al toreo mejor embestía. Y de nuevo Fernando optó por el toreo fácil. Ligando los muletazos, eso sí, pero absolutamente descolocado y con una velocidad supersónica. Arrimón final para suplir las carencia del toreo fundamental y la plaza en pie. El criterio y los gustos de esta plaza cada vez son más indignantes. Una estocada claramente trasera no fue impedimento para que de nuevo asomaran los pañuelos tanto en el “respetable” como en el palco. De las peores Puertas Grandes que se recuerdan en esta plaza.

En definitiva, Las Ventas, entre otras muchas cosas, necesita retomar la exigencia que tanto le ha caracterizado. Y esta vuelta comienza por el palco, marcando las pautas de lo que se debe hacer y lo que no. Como nota positiva, remarcar de nuevo la buena actuación de Urdiales, la rotunda dimensión de Fortes con el quinto, y la interesantísima corrida de El Torero, a la cual solo podemos rechistar la pelea en varas de sus toros.


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