Pablo Aguado, torero de pitiminí
Al igual que Gregorio Corrochano decía que había toros de pitiminí, se puede decir que hay toreros de la misma guisa. Pablo Aguado es uno de esos toreros de pitiminí, de los que solo le vale un tipo de toro, en su caso el de abrazo que embiste a media altura. Fuera de eso se pierde, y hoy, con dos toros francos, ha vuelto a naufragar, pegando un petardo de los importantes ante una corrida mal presentada con algún toro interesante, pero mala en conjunto. Muy poco pudimos ver de Uceda; y Clemente, el único con ganas de triunfo, tuvo que marcharse a la enfermería.
Segunda tarde de Uceda este año, y segunda tarde demostrando que los años no pasan en balde. Su primero, el único bien presentado de la corrida, se quedaba ya corto en el recibo, y tras cumplir en varas se paró en seco. Aún ante el toro sin ninguna dificultad Uceda no se confió, sin quietud, perdiendo mil pasos y perfilero. Este Uceda ya no es capaz ni de mandar una embestida. Media estocada arriba y tres golpes de descabello. El madrileño hizo lo poco destacable de su tarde con el capote, dejando un buen recibo de verónicas ante un toro que repetía con codicia, rematando con dos medias repletas de torería. De idéntica condición fue el toro en la muleta, con el que Uceda solo encontró el sitio en dos series al natural de mano baja. El resto del trasteo careció de la más mínima profundidad, citando desde cualquier otro sitio alejado del que debería. Cerró su triste paso por Madrid con otra media estirando el brazo.
Volvía a Madrid Clemente tras su buena confirmación el año pasado, y vino como hay que venir, a por todas. No perdonó en los quites a los toros de Uceda, dejando uno por chicuelinas y otro por tafalleras. Su primero de Juan Pedro, mal presentado, fue devuelto por inválido, saliendo en su lugar uno de Montalvo, vergonzoso de pitones, al cual le taparon la salida y le propinaron hasta seis puyazos en dos encuentros. Cosas de José María González. Clemente llevó a cabo un trasteo de mano baja, mandón, bien colocado pero excesivamente acelerado, aguantando para recibir la embestida y pegar el tirón. Al natural todo sucedió en singular, con muletazos de uno en uno sin encontrar los terrenos para hacer repetir a un toro que no pasará a la historia. Estocada desprendida y trasera pero de estimable ejecución. El quinto del encierro fue sin duda el más interesante de la tarde, de nombre “Soldador”. Lo recibió el francés en una casi portagayola con susto incluído. El juanpedro apretó en bravo en el primer puyazo y en el segundo, se limitó a cumplir. Qué pena que no haya un tercer puyazo para seguir viendo el comportamiento del toro. Pero esto es predicar en el desierto. Inicio por estatuarios en el tercio, ante un toro que pedía el carnet. O mano baja o te comía, y al natural el toro estuvo por encima del francés. Sin embargo, a derechas consiguió cogerle el aire, dejando dos series importantes. Volvió al izquierdo, por donde no había logrado dominar la embestida, y al intentar colocarse entre muletazos, el toro se arrancó, propinándole una cornada importante, que finalmente nos enteramos que el torero no había sido prendido. Susto importante.
Cerraba el sevillano Pablo Aguado, en su tercera comparecencia en el ciclo isidril. Inexplicable su triplete, así como la apatía con la que ha afrontado esta tarde. A su primero, en el límite del mínimo de Madrid, lo picó en la misma yema Espartaco, dejando probablemente las mejores varas de la feria, al menos en la colocación de las mismas. Tras su olvidable paso por el caballo fue quitado por Uceda y Aguado por verónicas y chicuelinas respectivamente. El inicio de faena fue muy movido, demasiado pasito. Otro toro que no era bobo, que pedía mando, y como el toro repetía, Aguado se vio sobrepasado. No le baja la mano a un toro ni por equivocación, y así le va. Pasos y más pasos, enganchones tras tirones, y ni un solo muletazo con un toro franco. Nunca se llegó a poner, recibiendo una más que justificada pitada tras dos pinchazos y un golletazo infame. El cierraplaza fue otro impresentable - lo que nos ha colado el señor San Román, que no se salva ni en estas tardes - que acudió hasta en cuatro ocasiones al caballo por desidia del matador y cuadrilla. Enorme el mérito de Iván García al banderillear al burel, completamente parado, teniendo que llegar en consecuencia a su jurisdicción. Y en la muleta, para qué repetirnos. Torero apático, sin ganas, esta vez con el toro bobo, el que pasa sin rechistar. ¿Ya ni con este Aguado? Acabó con una estocada a la carrera. En definitiva, Pablo Aguado cae al pozo de la indiferencia, de lo vergonzoso. Petardo mayúsculo del sevillano este San Isidro.
Qué diferencia hay entre toreros. Mientras unos se dejan la vida en el ruedo, otros vienen a cobrar. Los primeros andan mendigando contratos y a los otros se les caen de los bolsillos. Qué cosas tiene esto.
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