Un triunfalismo sonrojante se ha apoderado de La Glorieta
La tauromaquia se ha convertido en una moda en la que la gente acude a un evento social con sus mejores galas con el único objetivo de contar a sus allegados lo bien que lo ha pasado en la plaza, con independencia de la calidad de lo presenciado. Esta gente, que no es capaz de diferenciar lo bueno de lo malo, es la nueva soberana de la fiesta. Una fiesta con unos cánones, una esencia, una idiosincrasia pateada por aquellos que no la conocen, guiados por un afán de felicidad efímera, culminada con el pañuelo blanco del presidente, aunque a la mañana siguiente se hayan olvidado de todo lo visto. Mientras tanto, el aficionado está siendo completamente maltratado por todos los estamentos de la fiesta, desde la presidencia y el empresario hasta los toreros y apoderados. A más público de aluvión y menos aficionados, más dinero para el taurineo y mayor facilidad de control de masas. Pero no se confundan, este ritmo no tiene futuro, las modas son pasajeras. Cuando acabe veremos en qué queda esta fiesta tan degradada.
El toro es el otro olvidado de la fiesta, de esta nueva fiesta en la que lo único que importa es lo cumbre que esté el matador con la muleta. Los toros, de pésima presentación - anovillados todos menos el primero - y de dudosa integridad, si nos dicen que eran todos del mismo hierro nos lo hubiéramos creído, ya que todos sin excepción han tenido el mismo comportamiento, muestra de la monotonía ganadera en la que estamos inmersos. Toros con una bondad alejada de la bravura que se le presupone a un toro de lidia, todos ellos ayunos de fuerza y casta, para no molestar a los toreros, vaya a ser que le den un susto. La corrida de hoy, concurso sobre el papel, estuvo compuesta por cinco reses de encaste Domecq y otro de Murube. Menuda concurso, como si no hubiera ganaderías en el campo charro de encastes variados. Pedraza de Yeltes, Castillejo de Huebra, Adelaida Rodríguez, Juan Luis Fraile, José Enrique Fraile de Valdefresno son algunas de las ganaderías que se vienen a la cabeza del aficionado.
Abrió la tarde Morante de la Puebla con el único toro bien presentado del encierro, de Garcigrande, que acudió hasta en tres ocasiones al jaco, donde cumplió. Prueba del desprecio al tercio de varas fue escuchar fuertes pitos por parte de los de la moda al ver que el toro iba a recibir un tercer puyazo. Así estamos. El inicio de Morante fue muy torero, sacando el toro al tercio. El toro, de embestida mortecina, tuvo gran clase sin motor. Por su parte, el de la Puebla anduvo muy templado, como siempre, en un trasteo entre las rayas de picar pasándose la embestida por la taleguilla, sin perder un paso. La estocada cayó baja y trasera, pero no fue impedimento para que el sevillano paseara una oreja de nula importancia. Su segundo, de García Jiménez, fue de lo más infame que ha salido por los chiqueros de La Glorieta. Ni en una plaza de tercera debería salir semejante despojo. Recibió tres varas en las que salió suelto. Tremendamente pesado se puso Morante con un toro que no valía un duro, cuyo comportamiento estuvo en consonancia con su presentación. Estocada trasera y silencio, pidiendo perdón Morante. Cuando eliges los toros que vas a lidiar no hay perdón que valga.
Debutaba en La Glorieta Daniel Luque, aupado por su nuevo apoderado, empresario de la plaza. Su primero, un novillo de La Ventana del Puerto, acudió presto al caballo, tras el que recibió un quite larguísimo de Luque por chicuelinas con el toro por los suelos, rematado por bajo... El toro quería pero no podía. Fue un auténtico inválido con el que Luque pudo hacer lo que mejor se le da: sanar a los toros. El trasteo, insulso, periférico y descargado, acabó en la cercanía humillando a un toro que no se tenía de pie. Estocada trasera y oreja de risa. El quinto de la tarde, otro novillo de Olga Jiménez, cumplió en varas. Quite larguísimo por chucurrinas de Marco, rematado por bajo perdiendo el toro las manos. Menudo respeto hacia el matador de turno. Prólogo de Luque por inventos, con cites tan inverosímiles como horrorosos, tras el que construyó otra faena de las suyas, acompañando la embestida, poniéndose bonito y cotilleando. Sin rematar un solo muletazo, a excepción de un buen natural citando erguido, de frente, y rematando por bajo y detrás de la cadera. Luque sabe torear, pero le gusta más hacer el paripé. Pinchazo hondo en la mitad del lomo para culminar.
Cerraba la tarde Marco Pérez, con el beneplácito de sus paisanos. Su primero fue un Domingo Hernández muy pobre de cara que se defendió bajo el peto. De gran galope pero escaso fondo, el toro recibió un inicio matador de Marco en los medios, de hinojos, muy ligado y por bajo. Trasteo de nulo acople, ni en velocidad de muletazo ni en colocación. No hubo ni un solo olé en toda la faena, pero no fue motivo para que el salmantino no paseara una oreja de dudoso merecimiento tras una buena estocada. Al cierraplaza, otro novillo de Carmen Lorenzo, lo recibió Marco a medios-gayola y por delantales en sustitución de la verónica. Nada en varas del burel, ante la sorpresa de nadie. El inicio de faena fue rodilla en tierra, mostrando un toro de gran embestida en la muleta. Pero ya saben, de nobleza infinita. La faena fue un insulto al toreo y sus cánones. Citando desde la Plaza Mayor, fuera de cacho y haciendo la noria. Todos los alivios que se le vengan a la cabeza fueron llevados a cabo por el salmantino, que fue afeado levemente por la afición charra. No obstante, el público enfervorecido pidió las dos orejas tras otra buena estocada. De las peores faenas que han visto estos ojos, premiada con los máximos trofeos.
En definitiva, tarde de las que quitan la afición, de las que hacen replantearte si renovar el abono la feria siguiente. Los antitaurinos que más preocupan son el nuevo público guiado por la moda. Están dentro.
Comentarios
Publicar un comentario