Otra Puerta Grande para el olvido
Dos pañuelos, otra vez más. Sin toreo al natural, sin rotundidad en el trasteo. La exigencia de Madrid de nuevo por los suelos. San Isidro 2026 se ha saldado con un total de 28 orejas, 9 Puertas Grandes y 3 toros de vuelta al ruedo. Y solo 4 vueltas al ruedo. Por Dios, ¿dónde ha quedado el rigor de esta plaza? Los presidentes han campado a sus anchas, sin ser prácticamente censurados. ¿Quién defiende al aficionado? La empresa mirando hacia otro lado.
La corrida de hoy, de Victorino, mal presentada, ha sido interesante en conjunto, pero dentro de la línea de Victorino hijo. Toros sin emplearse en varas, flojos de remos - todos sin excepción perdieron las manos - pero con posibilidades en la muleta. Otro día más sin las alimañas del padre que tanta importancia daba a todo lo que se le hacía. Destacar las horrendas lidias que han recibido los astados, tomando infinidad de capotazos innecesarios.
Abria la tarde Morenito de Aranda en su segunda comparecencia, y nos dejó la misma sensación que en la primera. Es decir, sin llegar nunca a apostar de verdad. Su primer toro, larguísimo, flojo desde salida, se durmió en el capote y bajo el peto. Se lidió desastrosamente, recibiendo al menos 20 capotazos sin sentido que le restaron bastante a la faena de muleta de Morenito, que ante un toro noble, que metía bien la cara pero sin fuerzas, se empeñó en torearlo a derechas, y hasta el toro más noble de la casa aprende. Y así sucedió. Hasta la cuarta serie tuvimos que esperar para ver toreo al natural, y para sorpresa del torero, el victorino respondió dejándose pegar una docena de muletazos en una misma serie. Para que luego digan que el toro no valía. Mal Morenito, que dejó una media muy tendida perdiendo la muleta y un golpe de descabello. Su segundo, engatillado de pitones, fue humillado ya desde salida, desde el primer capotazo, siendo el toro más enclasado de la corrida, y por ende, el más toreable. El burgalés ahí anduvo, dudando siempre. En la delgada línea que separa el triunfo de la indiferencia, y solo traspasó esa línea en una buena serie al natural, con tres redondeados detrás de la cadera. La faena se hizo interminable, y Morenito acabó despachando al toro con el peor bajonazo de la feria. Al menos se disculpó con la parroquia, que otros pegan brincos al ver que ha entrado el estoque. Hace dos días sin ir más lejos...
De oro vino esta vez Fernando Adrián, en su tercera actuación en el serial isidril. Con el segundo del encierro, cornipaso incluso, se intentó estirar a la verónica, y en varas, demostró su absoluto desprecio por el primer tercio, metiendo al toro hasta en tres ocasiones bajo el peto donde el toro empujó - solo en el primero -. El prólogo de faena fue tremendamente largo, rematado con un martinete... Revoltoso el toro, encastadito pero agradecido, recibió ¡cuatro! series seguidas a derechas. ¿De verdad que no vio a su compañero minutos atrás? Y de vuelta, al natural, el toro se iba mucho más largo cuando iba toreado. Fernando se limitó a hacer pasar al toro en series interminables, de más de diez muletazos alguna. Acabó con el burel de una buena estocada arriba. Ovación - excesiva - al toro y pitos al torero. Su segundo fue impresentable, tremendamente pobre de cara. Este partió una vara y descabalgó al picador de turno en dos entradas donde se fue sin picar y salió suelto, pero incomprensiblemente se cambió el tercio. Señor presidente, tápese un poco. La faena de muleta ya iba en contra, la presentación del toro, el tercio de varas, la predisposición del público contra Fernando, todo. Le protestaron hasta el brindis. Con la muleta el madrileño anduvo excelentemente colocado, enseñando la femoral en la mayoría de muletazos, y aún así recibió las protestas del respetable. Esta vez no las compramos, ya que se colocó mejor que sus dos compañeros de terna en toda la tarde. Pero Fernando se alargó sin sentido en un trasteo interminable. Acabó su San Isidro con un pinchazo y una estocada que precisó de varios golpes del estoque de cruceta.
Cerraba la terna Román, que venía de cortar una oreja hace casi un mes. Su tercero, zancudo y muy vareado, salió con codicia de chiqueros. Este sí que tenía emoción en la embestida. Y cómo no, toro encastado toro reventado. Francisco de Borja le propinó un puyazo en la mitad del lomo en el primer encuentro y un dos en uno en el segundo. Así van las cosas. “Gallarete”, que así se llamaba, a pesar de perder las manos en infinidad de ocasiones, llegó al último tercio con gran acometividad, queriéndose comer la muleta. Y Román sí sabía a lo que venía. Series cortas, de mano baja, con la embestida cosida a la muleta. Los derechazos, muy jaleados, fueron de gran importancia por el oponente a batir, pero le faltaron esa redondez que hace grande el toreo. En este trasteo vimos a un Román mejor colocado que de costumbre, esta vez sin esconder la pierna, aunque como pega le pondremos el seguir citando algo fuera. Al natural no hubo nada. Nada de nada. Y a pesar de eso, tras una grandiosa estocada recibiendo en los medios, el usía le concedió las dos orejas. ¡Fuera del palco señor Serrano! En la vuelta al ruedo Román, advertido por algunos aficionados, hizo ostensibles gestos de no merecimiento del segundo trofeo. Los toreros saben cuando los merecen y cuando no. El cierraplaza, aceptable de presentación, apretó en varas, pero recibió un fuerte castigo con la salida tapada. En la muleta fue otro con posibilidades, sin excesiva humillación y ayuno de casta, pero pasador con cierta emoción. Pases y más pases de Román, sin apostar lo más mínimo, sabedor de tener la PG abierta. Cuatro pinchazos con el brazo arriba a modo de puñalada y una media atravesada acabaron con el astado.
Comentarios
Publicar un comentario