Victorino: mucho novillo, poca casta

 La tarde empezó con un sinsentido de ovación que recogieron los dos actuantes del mano a mano. En los corrales, esperaban 6 de Victorino, de Victorino hijo, claro está. Porque del padre hoy apareció o poco o nada. Un conjunto nobilísimo, sin transmisión alguna, del que solo podemos destacar la calidad suprema del cuarto. Y en cuanto a la presentación, ¡ay la presentación! Mejor no adelantemos acontecimientos.

La tarde comenzó con el único toro acorde al trapío de Sevilla, que cantó la gallina ya en el primer puyazo. Con los palos, Escribano no estuvo muy acertado, pero dejó un buen tercer par. El de Gerena comenzó la faena por alto y estuvo desconfiado con la mano derecha - toda la tarde -, perdiendo incontables pasos, aunque logró centrarse en la última serie, ligando los muletazos y dejando algún natural de bella factura. Pero hasta ahí podemos leer. Fulminó al toro con una estocada trasera y atravesada. Con el tercero de la tarde, Manuel volvió a donde nos tiene acostumbrado: a la puerta de chiqueros. Tras recibirle exitosamente, le lanceó a la verónica, rematando con una gran media y revolera. En el caballo, el toro empujó a media altura, aunque fue demasiado tardo en el cite. Y ahora sí Escribano se lucio en banderillas, dejándose llegar al toro sentado en las tablas, y clavando en la misma cara. Con el respetable encendido, comenzó Escribano genuflexo, con muletazos muy mandones pero con gusto, rozando la excelencia. Y enorme el toro, barriendo la arena con el morro, con un recorrido infinito. Dicho inicio rebajo bastante la acometida del toro, pero no le restó ni un ápice de clase y recorrido. Sin embargo, a Escribano este toro no le sirve. Necesita un toro que se mueva, al que haya que dominar. Muletazos fuera de sitio, sin estructura, rematado por arriba. No tardó en irse a por la espada. Y llegó el quinto de la tarde. El NOVILLO en mayúsculas. Y no exagero lo más mínimo. Es de vergüenza que este toro haya sido aprobado por tres personas distintas en dos lugares distintos: el ganadero y el veedor en el campo, y el presidente en la plaza. Bochornoso. Y esta vez Sevilla si protestó. Y de verdad. Nada pudo hacer Manuel con la raspa de turno.

Y Borja se llevó el caramelo de la corrida: el cuarto. Pero antes, su primero, sin remate ni cara, también le dio posibilidades. Aunque algo justito de fuerzas y de raza - rehuyó del caballo -, el cárdeno tuyo una nobleza extrema. Pero sin casta no hay transmisión, y un Borja fuera de sitio, sobre todo al natural, no terminó de redondear nada. Una estocada muy baja acabó con el burel, que al marcharse de los medios a tablas tras la estocada, recibió la ovación del público más fiestero. ¡Viva la bravura! Menos mal que Luque Teruel estuvo en su sitio ante una petición insulsa. Finalmente llegó el cuarto toro, de nombre Bolsilillo, que tenía un pitón izquierdo bañado en oro. Este sí es el toro bueno de Victorino, con transmisión, humillación y un puntito, aunque mínimo, de carbón. Borja solo se puso de verdad en las dos primeras series, recordando a la faena del año pasado al toro Milhijas. Y luego... Luego se descentró, y aprovechó la benevolencia del público sevillano para torear tan templado como periférico, perdiendo la pureza que tanto le ha caracterizado estos últimos años. Dos medias estocadas tendidas dejaron el premio en una vuelta al ruedo que nadie pidió - al igual que con su primero -. El toro se marchó al desolladero con los apéndices intactos. Cerró la tarde otro novillo, que consiguió derribar al caballo montado por Espartaco. Cárdeno claro de pinta, se desplazó con alegría en los capotes, e Iván García aprovechó su buen son para clavarle un par monumental, que puso a parte del respetable en pie. Y con la pañosa nada nuevo, prólogo poderosísimo de Borja que exprimió al toro por completo. Quedó sobre el ruedo un animal moribundo, con el que Borja se sintió tan a gusto que casi nos duerme en el tendido. Con un toro muerto en vida no se puede hacer faena.

En definitiva, corrida noble hasta la extenuación de Victorino, con la que Escribano no se llegó a confiar; y Borja desaprovechó un toro de triunfo gordo. La nota positiva de la tarde: Sevilla parece haber dicho basta a tanta raspa salida por toriles. Al menos a los impresentables de remate.


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