Las Ventas: aburrimiento por montera

 Tarde calurosa en Las Ventas, en la que el calor no fue ni por asomo impedimento para que un número muy considerable de aficionados pueblen los tendidos de sol, gran cantidad de ellos provenientes de la Feria del Aficionado. Acudíamos a la plaza con la esperanza de ver aquello que se pudo presenciar el año pasado: nada más y nada menos que una de las corridas más completas de la temporada, sino la que más. La terna, sin ser tres desconocidos ni mucho menos, sumaba 21 festejos en 2025, y claro, con estos toros el no estar rodado pesa mucho.

Los pupilos de Joao Folque fueron finalmente cinco, ya que remendó la corrida un toro de la ganadería lusitana Couto de Fornhilos. Los de Palha dejaron bastante que desear, tanto en presentación como en juego, y los toreros, ante las pocas posibilidades que le brindaron los toros, se les vio muy verdes.

Abrió la tarde el veterano Sánchez Vara, experto en estas lides. Esta vez no lo demostró. Le tocó en suerte un primero justo de presencia, al que recibió con una larga cambiada en los medios. Y esta sí que fue prácticamente en los medios, sin exageraciones. Tanto fue así que el toro salió barbeando las tablas. No sé si veremos de nuevo a algún torero ponerse en las rayas de picar. Vara logró estirarse a la verónica, dejando dos buenas medias. El burel, algo distraído de salida, no se empleó en ninguna de las tres varas que recibió. Inicio muletero genuflexo, algo violento para un toro que no estaba muy sobrado de fuerzas. Tras él, comenzó un trasteo insulso, todo a media altura o por arriba. Intuímos que para que el toro no se cayera, pero la verdad es que lo pedía todo por abajo, y no fue capaz de bajar la mano en ningún momento, ni siquiera para exprimirle al final. Nunca se puso de verdad, y el toro, sin ser bueno ni mucho menos, se llegó a dejar en una serie ligada con la derecha. Un estoconazo al segundo intento dio paso a una ovación exagerada al toro. El cuarto de la tarde fue el más largo del encierro, pero sin cuajo alguno. Le costaba tomar el capote, llegando incluso a gatear en algunos lances. Félix Delgado, tercero de la cuadrilla, protagonizó un espectáculo bochornoso. La función del tercero en el tercio de varas es evitar que el toro entre al caballo que hace puerta, pues en cuanto Félix vio que el toro se arrancaba, capote en mano, decidió correr hacia el burladero, permitiendo que fuera picado - masacrado en este caso -, en la querencia. Tras un mal uso de los palos, Sánchez Vara cogió la muleta sin ganas, por obligación. Completamente fuera de sitio, sin acoplarse. Y el toro igual de mal que el torero, con poco recorrido y sin clase. Ni uno ni otro, aburrimiento a raudales.

Continuaba Fco. José Espada, torero madrileño que nunca ha entrado en Madrid, y hoy no hubo excepción. Su primero, altote, embistió con ímpetu al capote, pero con un ímpetu más geniudo que encastado. De nuevo, otra vez la misma película en varas. En esta ocasión, al llegar el toro a la jurisdicción del tercero, en vez de sacarlo del cabllo, le pegó capotazo estrellándolo contra el peto. El astado llegó a la muleta muy mermado, y con estos mimbres Espada no pudo hacer faena. Esta se basó en limpiar los muletazos a un toro que solo sabía que pegar cabezazos, y al que no se le limpió ni uno, violentándose aún más si cabe. Buena estocada y al siguiente. En quinto lugar salió el de Couto, y será sin lugar a dudas de los toros con más cara de la temporada. ¡Menudas dos espabiladeras! Se palpaba el miedo desde el tendido. Saltarín el capote, el toro apretó por momentos en el caballo, pero acabó saliendo suelto, y en banderillas fue muy probón, hasta tal punto que Iván García, quién sino, le fue a buscar a los medios clavando un par de titánica exposición. A pesar de su condición tarda en los primeros tercios, cuando se le llevaba por abajo en la muleta el toro respondía con mucha transmisión, pero en cuanto tocaba tela o había un tirón, se descomponía totalmente. Toro para apostar completamente. Espada consiguió correrle la mano por el derecho, y dejó algún muletazo notable. Sin embargo al natural no estuvo a la altura. Por este pitón el toro era algo más probón, y Espada nunca le llegó a la cara para tirar de él. En resumen, toro muy interesante, con muchas teclas, y que Espada no supo tocar. Estocada trasera al segundo intento, tirando la muleta a la cara de su oponente. El toro llegó al desolladero con una ovación.

Luis Gerpe fue el encargado de cerrar la tarde, y sin duda se llevó lo peor dentro de lo malo de la corrida. Tuvo un primero impresentable, que llegó a embestir bien en el capote de Luis, permitiéndole dar un buen recibo por verónicas. Sin embargo, como la gran mayoría de sus hermanos, bajó la persiana en el último tercio. Nada que hacer. Estocada al quinto intento. Por último salió un toro montado, de estampa antigua y encastadito de salida. Tras un paso de puntillas por el caballo y una lidia de pueblo, Gerpe se encontró con un toro imposible, que se quedaba cada vez más corto. Y en una de estas se revolvió, levantando a Gerpe y propinándole una dura paliza en el suelo. Esperemos que no sea nada.

En fin, esperemos que el eslogan de San Isidro de “Madrid por montera” no se convierta en “aburrimiento por montera”, porque la temporada venteña, salvo tres cosas aisladas, va por ese camino.


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