Un 'Carpintero' de revolución y un exquisito recibo de Garrido
Siempre se ha dicho que el 15 de agosto es el día más taurino del año. No es así en Las Ventas. Un cuarto escaso de plaza en una fecha que fue emblemática por estos lares. Algo habrá que hacer para recuperarla. Se han lidiado seis de Araúz de Robles, de impecable estampa - probablemente la más sería de la temporada -, que no correspondió con lo que llevaban dentro. Eso sí, en primer lugar salió un Carpintero que ofreció a su matador la Puerta Grande en bandeja de plata. De los de luces, solo podemos destacar un ramillete de verónicas excepcionales de José Garrido. Poco o nada más.
Abría la tarde Antonio Puerta, que confirmaba alternativa. Hay toreros que no pueden confirmar. Se debe venir a Madrid con cierto bagaje, o al menos con el respaldo de la afición. En este caso ni una ni la otra. Su primero fue una pintura, con una seriedad extraordinaria, proporcionada por la vuelta de pitón. Fue ovacionado de salida. Aceptable fue el recibo por verónicas del murciano, quien hizo pasar al toro de embestida algo frenada. Recibió dos varas traseras arrancándose de lejos y cumpliendo bajo el peto, aunque en la segunda salió suelto. Buen par de Carlos Pacheco, que se asomó al balcón. Inició el confirmante por doblones, en los que el toro respondió de maravilla, con un recorrido brutal, metiendo la cara de lujo y con transmisión. En definitiva, toro para reventar Madrid. A Antonio Puerta le duró la colocación una serie - la primera -. A partir de ahí se dedicó a destorear echando la pierna atrás como solo los más curtidos lo saben hacer. Uno entiende el no estar toreado, pero las formas son las formas. Se le fue un toro de dos orejas. No nos vamos a cebar, con el silencio de Madrid ya es suficiente. Pinchazo y estocada trasera y tendida. El toro, como no podía ser de otra forma, recibió una ovación de gala de toda la plaza. Su segundo - el cierraplaza - fue otro tío, ovacionado de salida. Este cumplió en varas, donde recibió una doble carioca de Ney Zambrano, por seguir la tónica de la tarde. En la muleta fue un toro muy dulzón que se acabó aburriendo. Muy superficial anduvo Puerta, que no le dejó nunca la muleta en la cara. Cerró su confirmación con una estocada muy trasera y caída.
El veterano del cartel era Javier Cortés, que tras una gran faena el 2 de mayo y un gran paso por la Copa Chenel, su premio ha sido torear una corrida de medio pelo a plaza vacía. Esperemos que la empresa tenga la sensibilidad de ponerle en San Isidro. Sus toros no valieron un duro. Pero nada es nada. Su primero estuvo muy en Cuadri por su hondura y lo acapachado de sus pitones. Humillador de salida, fue horriblemente picado en dos encuentros donde cumplió. Fue quitado en el sentido más literal de la palabra por José Garrido. Con los palos destacó Pablo Gallego, que dejó un buen segundo par. En la muleta el burel era muy tardo, y cuando conseguía pasar lo hacía rebrincado. Poco pudo hacer Cortés. Un metisaca y una media hicieron efecto. El cuarto del encierro, el más fino de hechuras, embistió con las manos por delante al capote del madrileño. Recibió mil capotazos por parte de Cortés y su cuadrilla al intentar colocar al astado, que no quería caballo. Acabó saliendo el picador en su busca entre las broncas del público. En estos casos creo que sí que está justificado. Sin opciones de nuevo Cortés con la pañosa ante un toro brusco y violento, acobardado, que retrocedía en cada muletazo hacia las tablas. Dos pinchazos y media estocada lo tronaron.
Completaba la terna José Garrido, que venía de cortar una oreja en San Isidro. A su tercero - otro tremendamente serio - le propinó un excelente ramillete de verónicas. Después de Urdiales, Garrido. Las verónicas por el izquierdo fueron cumbres, meciendo la embestida con una suavidad exquisita. La media de remate, a pies juntos, fue pura torería. El toro, que metió los riñones bajo el peto, fue vilmente picado por Aitor Sánchez, propinando dos lanzazos traseros. Buen inicio de Garrido, con gusto, rodilla en tierra. El toro tuvo cierto carbón en la muleta y Garrido no acabó de cogerle el aire, especialmente por el derecho, por donde el burel se desplazaba más. Cuando fue a por la espada, se le vio al de Araúz amorcillado y muy afligido, fruto probablemente de los lanzazos. Un pinchazo bastó para que el toro atronase. Silencio a toro y torero. Con dos buenos puyazos el toro hubiera sido otro. El quinto de la noche fue aplaudido de salida por su espectacular perfil. Garrido lo consiguió encelar en varias verónicas genuflexas sin excesivo contenido, pero tuvieron el mérito de mantenerlo en la capa. Cantó la gallina ya en el primer puyazo. En banderillas fue de un lado a otro sin fijeza. Esto dificultó el inicio de faena de Garrido, que a dos manos se lo intentó sacar a los medios. Las series de muletazos surgieron con cierto pellizco, intentando Garrido bajar la mano ante un toro que embestía a media altura. Mucho mejor estuvo el extremeño con este toro, mejor colocado y de trazo más mandón. Faltó toro esta vez. Lo despachó de un bajonazo infame con derrame. Esperpéntico y vergonzoso.
En definitiva, salvo el confirmante, tanto Garrido como Cortés mantienen su crédito en Madrid, mereciendo ambos estar en el San Isidro del año que viene. Araúz dejó una corrida impecable de presentación pero pobre de juego en líneas generales. Se salvó por un extraordinario primero y un tercero al que si se le hubieran hecho bien las cosas hubiera sido de premio.
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