Un toro a medias en la mansada de José Enrique

Corrida para olvidar esta primera de agosto, tanto para el aficionado como para el ganadero, que trajo una corrida por debajo de lo exigible en Madrid en cuanto a comportamiento y presentación. Muy pocas cosas se pueden rescatar del tedio vivido ayer: un interesantísimo Pelotito corrido en primer lugar - que digo a medias porque acabó rajado cual manso en tablas -, un quite de Alejandro Mora, alguna pelea en varas, y si me apuras algún natural suelto de Adame. Nada más, se lo aseguro. 

Abría la noche el mexicano Luis David Adame, quien ha vuelto a demostrar que hay toreros que no están hechos para Madrid. Su primero, de nombre Pelotito, recibió la primera ovación de la tarde, pero no de la afición, sino de los guiris que se impresionaron al verlo. Se escucharon incluso gritos más propios de un concierto. Madre mía, qué ambiente. Este Pelotito, bien presentado, salió abanto. Bajo el peto se limitó a cumplir, empujando acostado con un solo pitón. Recibió un buen quite por verónicas de Alejandro Mora. Feo pero meritorio fue el inicio en los medios por la espalda, sin moverse. El toro repetía y embestía con codicia cuando se le bajaba la mano, en especial por el derecho. Poderosos fueron los muletazos de las primeras series de Adame, con el compás demasiado abierto y algo fuera, pero templando. Llegó el turno de la zocata y cualquier atisbo de importancia se diluyó. No supo aprovechar Adame las embestidas de un toro para puntuar que se acabó rajando. Tres pinchazos precedieron a una media desprendida a la puerta de toriles, tras la que Luis David optó por hurgar en la testuz, clavando y manteniendo el estoque de cruceta. Criminal. Una ovación se llevó el manso medio encastado de José Enrique, que resultó ser el mejor del encierro por mucho. Adame recibió al cuarto a casi portagayola, cerca de la segunda raya. De aspecto anovillado y pobre de perfil, el burel recibió cuatro puyazos en dos entradas donde empujó a tirones, señal de manso encastado. Mora remató su quite por delantales con una media excepcional. Lo mejor de los de luces de lejos. Replicó Adame por chicuelinas y buena media. El toro se rajó pronto, buscando siempre las tablas, y solo hizo caso en la primera serie, donde pudimos apreciar buenas embestidas. Pero en las tablas cambió por completo. Allí logró Adame robar algún buen natural entre el aburrimiento colectivo. Y de nuevo Luis David protagonizó otra sinvergonzonería, tratando de matar al toro casi a la carrera cuando este huía hacia tablas. De la misma guisa fue la puñalada con la que atronó al toro. Qué forma más cobarde de entrar a matar. Ya solo esto debería ser causa más que justificada para que descanse algún año. 

A la derecha hizo el paseíllo Alejandro Mora, quien escuchó los tres avisos el año pasado en esta misma plaza. Su primero, falto de remate pero bien puesto de pitones, fue humillador y codicioso de salida, quedándose incluso corto. Este se desgastó en varas al estar tanto tiempo bajo el peto - donde cumplió -. No paró quieto en banderillas, y sumado a una mala lidia, se paró por completo en la muleta. Pocas opciones brindó a Mora, que quiso torear a media altura para que durara el toro. Ni con esas. Abrevió dejando dos pinchazos y una estocada que hizo guardia. El quinto fue simplemente impresentable, al nivel de los de El Capea del jueves pasado. Poca historia tuvo este también. Flojo de salida, pasó de puntillas por el caballo. En la muleta fue muy suavón pero con poco recorrido. Con él vimos lo poco toreado que está Mora, perdiendo infinidad de pasos y resultando todos los muletazos enganchados. Puso fin a su paso por Madrid con una estocada caída y trasera, haciendo la suerte despacio. 

Cerraba la terna Alejandro Peñaranda, del que se dijo que estuvo bien con la de Valdefresno. Pues hoy nada de nada. Su primero, justo de presentación, recibió el primer puyazo delantero que estos ojos han visto esta temporada. Que bendición. Este tercero fue el que mejor peleó en varas del encierro. Breve fue el quite por verónicas, a diferencia de la lidia, que se extendió en el tiempo y en el número de capotazos. Así es complicado que los toros rompan en la muleta. El inicio de faena fue torero, por doblones, al igual que la primera serie, luciendo al toro. Hasta ahí leemos. El toro fue muy sensible a los toques y enganchones, pero en el temple pasaba con cierta clase - por destacar algo -. Se le vio a Peñaranda muy verde y desdibujado. Sin personalidad incluso. Hubo más enganchones que muletazos limpios. Pinchazo y estocada muy contraria. El cierraplaza estuvo también por debajo de la exigencia de Madrid. Salió con el pitón roto del caballo, donde cumplió en dos encuentros. Recibió otra lidia nefasta ante la sorpresa de nadie. El inicio fue genuflexo, así como los hacía Talavante. Y de nuevo Peñaranda demostró que es un torero del montón - al menos lo demostrado hoy -. Esperemos que progrese y demuestre todo lo bueno que se le canta. El burel tampoco dijo nada, todo hay que decirlo. Puso punto final a la noche con una entera tendida que escupió el toro y un golpe certero de descabello. Saludó por su cuenta. 


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