Domingo Hernández protagoniza la peor corrida de la temporada venteña
Tarde calurosa en Madrid, tendidos casi a reventar, cartel con alicientes, y petardo ganadero. Corrida descastada, sosa, sin poder, inválidos algunos. Un auténtico bochorno. Solo el cuarto a medias y el tercero en ciertos momentos tuvieron alguna posibilidad, pero nada del otro mundo. Insulso estuvo Talavante; Aguado sin ganas ni toros; y Jarocho quedó inédito con dos despojos.
Como director de lidia actuaba Alejandro Talavante. El segundo toro de la tarde, más rematado que el resto de sus hermanos, salió de chiqueros con buen son pero falto de fuerzas, con cierta cojera. Tras dos puyazos intentándose quitar la vara el toro se derrumba, teniendo que ser devuelto. El segundo bis, altote y vareado en exceso salió cojeando también. Defendiéndose en varas, perdió las manos en varias ocasiones. Inválido de libro que el presidente mantiene en el ruedo. Toro robado. Con el burel de escasísimo recorrido Talavante no pudo más que machetearlo, y tras un metisaca y estocada arriba, el toro fue pitado en el arrastre. Su segundo fue el mejor del encierro, sin ser nada del otro mundo. El burel charro se empleó en el capote, humillando. De igual forma se empleó en varas. El único que cumplió en el jaco, estando en el primer encuentro más de un minuto debajo del peto. Ya con la muleta, Talavante comenzó sacándose al toro a los medios y se sucedieron series de muletazos sosos, sin alma, ante un toro de muy buen embroque aunque salida algo fea. Desdibujado Talavante, vulgar a más no poder. Trapazos velocísimos combinados con enganchones, recordando al toreo de Rufo el día anterior. Un pinchazo y una estocada desprendida precedieron a unos pitos en el arrastre de un toro que no fue tan malo.
De lila y oro toreó Pablo Aguado. El tercero de la tarde, falto de remate en la culata, fue muy manso de salida, corretón. Sin embargo, en el capote de Aguado metió la cara con cierta clase. Tres veces acudió al caballo, en las que se salió suelto en dos ocasiones. Quite sin sentido de Talavante, como tratando de molestar al toro, más que de preocuparse por su propio lucimiento. En las primeras series Aguado trató de enseñar a un toro que pasaba con cierta clase y cadencia. Por naturales Aguado no logró rematar los muletazos. Cabaceo constante del toro a la salida del muletazo. El derecho era el pitón potable del toro, de embestida más franca. A pesar de ello, el sevillano no logró cogerle el aire en ningún momento. Mal colocado siempre, toreando con el pico - sin ser un tópico -. Cuatro pinchazos dejándose el brazo atrás, y una media arriba acabaron con un manso que tuvo alguna posibilidad en la muleta, y que como todos la corrida fue pitada en el arrastre. El quinto de la tarde, un punto por debajo de lo que debe ser el toro de Madrid, fue horriblemente manso de salida, llegándose a acular en chiqueros. A media altura en el capote, al igual que en varas, fue un toro muy incierto, que le costaba un mundo pasar. Aguado decidió abreviar ante tal despropósito de toro. Al hilo de las tablas le consiguió cazar. Bronca sonora al toro.
Confirmaba Jarocho su doctorado en las Ventas, tras salir como novillero por la Puerta Grande la temporada pasada. Una pena que no pudo refrendar su triunfo. Se topó con el peor lote. El toro de su confirmación, falto de remate atrás, salió muy parado y a la defensiva, tanto en el capote como en el caballo. Dos quites sin sentido de Talavante y Jarocho, que no sirvieron para absolutamente nada. En el tercio de muerte el toro perdió las manos constantemente a pesar de la labor de mantener el toro en pie de Jarocho, siempre a media altura y templado. Decidió con buen criterio abreviar. Con su sexto toro, falto de remate nuevamente, tuvo la misma suerte. De escasa fuerza ya desde salida, el toro no se empleó en el caballo. Con la montera calada Jarocho comenzó la faena. Estampa de otra época. El toro, de embestida a media altura, desclasada y , no mereció ni la mera presencia de Jarocho.
En definitiva, petardo ganadero y tarde de seis silencios y seis pitos a los toros en el arrastre. El más grande de esta temporada en Madrid. Al único que se le puede reprochar algo es a Talavante, que tuvo ante él el único potable del encierro. Aguado si consigue dar un paso hacia delante, cruzándose un pasito más, puede ser un torero de época, pero ese es el paso que da miedo. Jarocho debe volver a la Monumental, ya que su paso por la primera plaza del mundo ha sido un visto y no visto.
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