Diego Urdiales y una de las faenas de su vida
Que tendrá Bilbao que saca lo mejor de los toreros: Borja, Roca, Urdiales... Diego, torero en horas bajas en los últimos años, ha renacido. Una faena con una rotundidad y un sabor que roza la perfección, si existe. Al final Morante, torero insustituible en estos momentos, fue sustituído por todo lo grande. En cuanto a los toros, corrida descastada, mansa y falta de fuerza en algunos casos, aunque con clase muletera.
Abría cartel Diego Urdiales. Su primero, un garcigrande bien hecho, con dos buenas velas, no se empleó en el capote. Frío de salida, salió con la cara arriba al final de cada capotazo. Distraído durante toda la lidia, fue espabilado en banderillas, ganando en ritmo. En la muleta, el de Arnedo le aplicó una dosis de sutileza. Finalmente, optó por bajar la mano al toro con cierta falta de fuerza, y respondió decentemente, sacando cierta clase. Urdiales lo toreó de lujo con la derecha, y no pudo hacer lo mismo con la izquierda ya que el toro embestía con la cara arriba y a tirones. Tras una buena estocada arriba, algo tendida, y una leve petición, dió una vuelta al ruedo premiando su buen hacer ante un toro soso. Su segundo, un toro feo, sin cuello y cebado, salió muy distraído, al igual que su hermano. En la prueba del caballo cantó la gallina. Manso de libro. En cuanto notó el segundo puyazo, se marchó huyendo. Recibió otros dos picotazos, en los que estuvo horrible Manuel Quinta, y el toro se fue sin picar. Ya en la muleta, el toro se centró. En sus primeras embestidas, el burel hizo todo con clase aunque con un punto de sosería. Urdiales comenzó la faena con dos buenas series por el pitón derecho, bien ligadas y de corte clásico, pero lo mejor estaba por llegar. Se echó la muleta a la mano izquierda, y le enjaretó dos series de lo más rotundo que se le ha visto en muchos años, parando el tiempo y con un ajuste digno de Morante. Volvió a la derecha, y continuó rayando a un nivel altísimo. El epílogo de la faena, al natural de nuevo, puso a la plaza en pie por enésima vez, aunque todavía había alguno que no se había enterado de lo que acababa de pasar... Un estoconazo un punto contrario, no fue ni por asomo impedimento para que Matías le otorgase al Diego las dos orejas del tirón de un toro manso que acabó rompiendo exquisitamente en la muleta. Y por si a alguien no le había quedado claro, ¡qué faenón! Urdiales ha vuelto.
Alejandro Talavante, que decir de él que no se haya dicho. Un torero perdido en los efectivismos, que se dedica a asombrar a la gente menos entendida con sus accesorios, pero lo que es torear, no torea. El segundo toro de la tarde, un burraco decentemente presentado para Bilbao, tampoco se empleó de salida. Aunque muy distraído, se enceló con el caballo. En el último tercio, Talavante no encontró el sitio en ningún momento. Absolutamente despegado y fuera de cacho, sin dar un solo muletazo. Faena vulgar y sin estructura, basada en molinetes y efectivismos varios. Nos quedamos sin ver al toro. Con el quinto, un toro algo chico aunque cuajado, estuvo más centrado y con más ganas. Recibió con faroles al toro, le llevó al caballo por chicuelinas; estuvo variado. Se puso de hinojos en el inicio de faena, y el toro no lo aceptó. El burel humillaba, aunque perdía las manos cuando se le apretaba. Se acabó parando pronto, por lo que Talavante, conocedor de la facilidad de aplauso del público ocasional, se pegó un buen arrimón ante un toro parado, que lo acabó voltereteando ya que se montó demasiado encima. Alejandro estuvo valiente, pero repito, no toreó. Tras una estocada tendida tirándose derecho, recibió una oreja de un público muy amable.
Por último, Borja Jiménez, quien recibió una ovación por su polémico indulto de hacía dos días. A su primero, un toro chico, lo recibió a "medios-gayola", y le propinó después en el tercio dos largas cambiadas. El toro, de gran clase, además salió con ímpetu, si bien perdía las manos, denotando su falta de fuerzas. Aunque no se le picó, se veía claramente su invalidez, que no quiso ver Matías, y nos tuvimos que tragar un toro que se caía y se vino muy a menos en la muleta. Poco pudo hacer el de Espartinas. En el sexto y último de la tarde, muy bonito aunque algo justo para Bilbao, se fue de nuevo a "medios-gayola". En el recibo, por verónicas y chicuelinas, metió bien la cara. De nuevo, al igual que el cuarto, fue un manso de libro, que ante la incapacidad e inutilidad de la cuadrilla de Borja, fue a los dos caballos en numerosas ocasiones. 4 picotazos fueron. Y de nuevo, como su hermano, rompió en la muleta, con una clase excelente, pero con más transmisión aún. Borja toreó algo despegado, escondiendo la pierna de salida, y haciendo la noria en ocaciones. Se le vio con demasiadas ganas de triunfo, y consiguió el efecto contrario, ya que el toro, por ambos pitones, requería llevarlo toreado y con los vuelos en el hocico, para evitar el cabeceo. Borja, aunque llevó a cabo buenas series templadas, no las redondeó, dejándonos con ganas de más. Tras un pinchazo trasero, el toro se acabó echando. Borja necesita mejorar con la espada.
Viendo la feria de Bilbao de este año, todavía hay esperanza. A pesar del indulto, que no creo que se debiera de dar, ha sido una feria importante. Dos toros de vuelta al ruedo, el indulto, tres puertas grandes. Y salvo con el indulto, creo que no se ha sido generoso en ninguno de los casos. Todo merecido. Y una cosa nos queda clara, Bilbao se llena si hay carteles redondos. Solo pedimos a la empresa que los haga, los promocione, y trabaje la feria todo el año, y seguro que encuentra los frutos de la que debe ser junto con Madrid y Sevilla, las plazas más importantes de España.
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