Héctor Gutiérrez pone la verdad entre la mentira de toros de El Capea
Hoy, un día más, el triunfador de la tarde ha sido Plaza1, que se ha vuelto a llenar los bolsillos. Nos han colado una auténtica novillada. Hubiera sido una bonita novillada para Madrid, de buenas hechuras y caras cómodas. Pero se confundieron. Esto era una corrida de toros, y hemos visto de todo menos toros. Solo con decir que se han escuchado más Vivas España que olés queda todo dicho.
Se ha llevado la final de la Copa Chenel Héctor Gutiérrez, que ha puesto la verdad que le ha faltado a toda la corrida. Tampoco ha tenido mucho con lo que competir.
Abrí la tarde el mexicano Héctor Gutiérrez, quien vino a Madrid como merece la plaza. El toro de su confirmación fue un novillote sin cara - como todos sus hermanos - que salió con un trote cansino, rozando lo enfermo, al que no se le picó. Héctor comenzó la que iba a ser la mejor faena de la tarde por estatuarios, aliviando al toro, tras los que cogió directamente la mano izquierda, la de los billetes. Las primeras series fueron muy medidas en cuanto al número de muletazos, pero siempre con una colocación muy pulcra. Por encima de todo destacar el asentamiento y quietud desde antes siquiera de realizar el cite, siempre con la pierna de salida adelantada. Culminó la faena con una gran serie de naturales, larga y con buen trazo. Es complicado estar mejor con tan poco oponente. Dejó una buena estocada, un punto desprendida. El presidente, con buen criterio, no concedió la oreja por la nula importancia del toro, pero Héctor dio una vuelta de ley. Su segundo, quinto de la tarde, fue horriblemente mal picado por Chocolate. La embestida del capea resultó descompuesta en el capote del peón, parándose completamente en la muleta. Héctor anduvo en su línea, con una colocación a la que le encontramos muy pocas pegas, siempre asentado antes siquiera de citar, y con un buen trazo. El toro no le brindó ni una mísera posibilidad a la que aferrarse, y aún así Héctor logró sacar algún natural. Volver a apuntar el uso preponderante de la mano izquierda, muy poco visto en estos tiempos de resguardo y cobijo en la ayuda. Puso punto final a su tarde con estocada caída, tras la que saludó una gran ovación desde el tercio.
El segundo finalista de la Copa Chenel era Alejandro Marcos, el más veterano del cartel. Hoy en el hotel tendrá mucha noche para pensar. Su primer astado se paró nada más llegar a su jurisdicción, y tuvo que ir finalmente a recibirlo a los medios. El del capea no paró durante toda la lidia, sin hacer caso a los capotes, recorriéndose varias veces el platillo. Tras la habitual ceremonia de devolución de trastos - en la que Diosleguarde no se desmonteró -, el salmantino intentó un inicio mandón sin éxito ni quietud. El burel, que tuvo cierto carbón, pedía mano baja y poder. Alejandro supo dárselo en muy pequeñas dosis, intercalando muletazos enganchados y frágiles con otros de buen trazo, que se contaron con los dedos de una mano. Pinchó dos veces antes de dejar una estocada trasera, todas ellas con telonazo incluido. El cuarto "toro" del encierro salió apretando en el capote. Alejandro Marcos hizo gala de un pasotismo vergonzoso en el primer tercio, permitiendo que su toro entrara al relance hasta en dos ocasiones, ante si atentísima mirada. Aquí es donde se ve la afición de los toreros. Al fin, en el tercer encuentro, pudimos ver un puyazo en condiciones, con el toro arrancándose a media distancia. Bajo el peto colocó bien la cara, pero acaba defendiéndose. De nuevo, Alejandro no lo vio claro, queriéndose poner pinturero desde el primer momento, sucediendo los muletazos a modo de banderazos, sin mando ninguno. Se le veía apático, sin ambición. Algo le debe de haber pasado, porque no es normal venir con esa actitud a una final jugándote torear el 12 de octubre y su carrera. Tronó el toro tras tres pinchazos, todos de la misma guisa, pegando el telonazo y saliéndose de la suerte.
Cerraba la terna otro charro: Manuel Diosleguarde. Su primero acuso en el tercer tercio lo ocurrido en el primero, con mil capotazos y carreras innecesarias. Héctor quitó por chicuelinas, con una primera extraordinaria, una segunda algo atropellada, rematando con una buena revolera de recurso. Replicó el matador de turno por el mismo palo, pero sus chicuelinas no llegaron al nivel de las anteriores. Con clase pero sin emoción embistió el del capea, cosa que no gusta nada en Madrid. Poco pudo hacer Diosleguarde con semejante astado, cuya colación no gusto al respetable. Dejó una estocada desprendida realizando la suerte con despaciosidad. Al cierraplaza lo recibió con una larga de rodillas, seguida de varias verónicas atropelladas a pies juntos, muy cantadas por el público que ocupaba la mitad del aforo venteño. El toro, flojo en la muleta, tuvo una embestida muy irregular, totalmente indefinida. Podía pasar sin complicaciones como pegar un cabezazo sin sentido. Manuel estuvo mucho mejor colocado, con un cite más de frente, y sin enmendarse, pero se puso pesado. La final acabó con una estocada al tercer intento y golpe de verduguillo.
En definitiva, Héctor se llevó el certamen sin ninguna discusión. Destacar de nuevo la manera en la que nos han colado otra corrida de toros de lamentable presentación. De su juego ya hemos hablado, completamente destacada, blanda, y desfondada en el último tercio.
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